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¿Debí Hacerlo?

¿Debí Hacerlo? Era ella… y era yo, ella tenía el sol del día yo, el alba de madrugada El con las dos compartía y a las dos … nos engañaba.   Ella… ¡Ella lo quería! Y yo… ¡Yo lo amaba! El sentía que a las dos por igual, nos adoraba.   Y los canjes se daban igual que sus labios cuando besaban ¡Sus brazos estremecían! Cuando la luna meditaba ¡Ay corazón de falsía! ¡¿Cómo podía  … Cómo podía?!    Ella…  En él creía Yo… Yo desconfiaba Y entre malezas de dudas y mentiras ¡Los celos a mí… me mataban! El tiempo pasaba Ella… Confiada Yo… Reclamaba    Y fueron años… ¡De traición, amor y fantasía! Indagué… ¡Ya lo sabía! Ella… ¡Nunca lo supo! Un día ella… ¡Ella se casaba! Yo por encararlo… ¡Sola lloraba! Hoy, ella envejece con él ¡Yo, sola en mi vejez! Beatriz Vicentelo    

Cerré mi puerta…

Cerré mi puerta por dejarla afuera le di un jalón de oreja a mi entusiasmo y así rompí de plano esa manera antigua que sentirla hasta el espasmo.   Fue fácil desatar oscuros lazos dejarla sin respuesta en el camino y desechar lo frío de sus brazos que hicieron de mi ser un torbellino. Nada más natural que verla lejos en mi intensión  total resolutoria borrarla del cristal de mis espejos y arrancar ese ayer de mi memoria . Por otros cauces y por otras luces tras la emoción que esculpe otra sonrisa sin cargar otra vez pesadas cruces con la fe natural que se precisa.   Cerré mi puerta para rechazarle   en locura tal vez o estando cuerdo cerré la puerta para poder darle un puntapié con rabia a su recuerdo.   Ernesto Cárdenas.

Ya te Conocía...

 Ya te Conocía Yo te conocí un día, cuando Dios un forado hizo en el cielo, puesto un sayal de nácar con una luz añil sobre tu pelo; sutil mirada blanca brillaba, señalando azul anhelo. Estaba encinta santa de mi madre en su vientre de lucero mis manitas sujetas a una liana con pequeñitos labios de puchero. Eran manitas castas hojitas de manzano en su frutero con las cuales te hice, un bolero Desde ahí,  yo te amaba con el agú entonándote: ¡Te quiero! Y una paloma blanca quiso traerte en vuelo a mis aciertos, tú, ni acaso soñabas que yo, ya te esperaba,  con los brazos abiertos. Beatriz Vicentelo

Desventura... Escaletta

 Desventura - Scaletta- ¿Interesa que me quiera? Nunca había preguntado si era amor desventurado Hoy traspasa la barrera con silencio muy curioso salteando la frontera de un flirteo algo primario Y yo digo, quizá hermoso fuera enredo primoroso en un lío infiel  precario Da lo mismo nada o poco, que, así ama el cavernario y también el solitario y aunque dé, cierto sofoco... ¿No me ama?  ¡Pues yo tampoco! Beatriz Vicentelo

La ternura... prosa...

La ternura es el murmullo de las olas y el lirismo de los actos, es lo ideal y es la elegancia, donde el perfume como un velo flota sobre lo eximio, sobre la paz que inclina nuestro ser a lo divino, al estremecimiento de las pieles y a ese poema de adentro que le canta al universo. Y nada se compara a esa emoción, a esa vehemencia que tiene mucho de caricias y de sedas, a esa religión del espíritu que parece extremarse hasta la fascinación, hasta la revelación exacta del éxtasis y del milagro. La pasión es el otro polo, un complemento secundario que evoca la brasa, que exterioriza los aspectos, una realidad que es común en el hombre y en la bestia, porque nace del deseo, de ese desboque del instinto que toca lo irracional y los excesos, pero la ternura… la ternura es la apacibilidad, es el cariño afable y el encanto, es el beso suave y es la magia, la ternura es cordialidad, dilección y es sutileza, y es por naturaleza propia el testimonio y la corroboración exacta de que se tiene pred...

Conquista

Conquista   Coloqué mi bandera de conquista sobre el firme terreno de tu pecho y curvando arco tenso a corto trecho di caricias con flecha falangista Esa noche… en la trocha ilusionista mis ríos rebalsaron cauce estrecho y una banda de cuervos al acecho aleteaba el ansia a toda vista ¡Ah que furia de pieles asombrosa! Hervía nuestra sangre tempestuosa ¡Con asalto a manzanos del pecado! Con insana estampida de cien cebras ¡Asidas como nudos de culebras! ¡Explotando el infierno atrincherado! Beatriz Vicentelo

Así te tuve…

Te tuve en mi intención y en el espasmo en las ascuas de todos mis anhelos en toda la amplitud de mi entusiasmo y en toda esa pasión de mis desvelos.   Ceñí tu cuerpo lo fundí en mis ganas ferviente en un afán de placideces y el gusto desbordó las espartanas maneras de mis turbias morbideces.   Mordí con furia en mi tesón tus formas olvidado en la fiebre de razones por aquella ecuación que rompe normas y suelta en su lascivia los leones.   Me perdí sin saber si era yo mismo al verte junto a mí en tus desnudeces y en la brasa de todo mi erotismo desaté de mi ardor insensateces.   Voluptuoso, extremado fue el contacto corporal sin medir temperaturas en la fiebre gozosa de aquel acto qué arrastró de mis ansias las locuras.   Tu voz pedía repetir excesos arrancar del deseo efervescencias entre la miel caliente de los besos y el fervor de incontables apetencias.   Y así te tuve al fin en ese anexo de los dos duplicando las hogueras disfrutando la cúpula del se...