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Como una sombra más...

Te he dejado y ya ves, nada he perdido sigo normal sin alterar mi vida y desde luego a Dios agradecido por darme para andar otra avenida.   Y también con afán otro motivo para dejar atrás tu amor sombrío. para pensar al fin que sigo vivo con ansias para un nuevo desafío.   Fue tan fácil dejarte que me encanto de no inquietarme ni variar el paso solo un frío glacial que me da espanto si rememoro tu cariño escaso.   Fue cosa de pensar en mi mañana aparte te lo tuyo incompetente fue rechazar la antigua vida plana para estrenar un beso diferente.   Alzando para amar otro castillo lejano de tu mundo decadente al verte derrotada ya sin brillo como una sombra más entre la gente.   Ernesto Cárdenas.

Esencia y Carne

Esencia y Carne  Algún día estos ojos que solo a ti han mirado que cual perla en rocío te han llorado se cerrarán por siempre... ensoñándote Porque hasta en el postrer instante en vida cual santo crucifijo bendecido cual un dios en mi altar de haz encendido mi alma dirá tu nombre..., evocándote Y seré para la dama oscura su bocado mis huesos serán polvo enamorado que levantará el viento..., añorándote Quedará el ataúd sin piel ni carne mas del rincón del féretro liviano saldrá mi esencia en último gusano para ciego extinguirse… copulándote Beatriz Vicentelo

Voy a dejarte...

Voy a dejarte ves, me da alegría porque eres un estorbo al sentimiento como una sombra gris, una agonía que deja tras el  acto aburrimiento.   De ti no cargo ni un recuerdo grato de aquel instante en que pague un tributo de otro momento en que tu amor barato hiciera de mi vida todo un luto.   Fui como un reo que cargaba un lastre atado a la la infección de tus ideas lo tuyo en mi existencia fue un desastre tarde vi de la pata que cojeas.   Por suerte mía desperté temprano para encontrar de nuevo mi sosiego para alejarme de tu amor enano como escapando a prisas de algún fuego.   Ernesto Cárdenas.

El Laurel de la Guerra - Soneto Dodecasílabo

 Laurel de Guerra De pie, con mirada acuciosa y sombría desliz de felino estatura imponente nervioso el soldado en espera presiente la sombra siniestra, agudo vigía ¡Matanza!  ¡Tronó caracol con sangría! Las piedras tremolan a grito valiente ¡Y tensan los arcos codicia candente! Fraguando la muerte crueldad e insanía ¡Bramaron corajes por ríos de fuego! No importa la vida, tampoco su ruego ¡Asaz sufrimiento con fuerza guerrera! Inyectan los odios en mentes insanas ¡Violando mujeres, infantes y ancianas! ¡¿Así mostrarás tu laurel, carnicera?! Beatriz Vicentelo

El ensayo…

El ensayo, explicado con sencillez, es un texto escrito en prosa sobre un determinado asunto; digamos que es un razonamiento que se plantea desde un punto de vista individual, muy íntimo del autor. O sea, es el modo de plantear una idea sobre una materia establecida, sin buscar ayuda ajena, sea cual sea el argumento; es escribir lo que se piensa y punto. Pueden escribirse muchos ensayos por diferentes autores sobre el mismo hecho, sin uno parecerse al otro, porque, como repito, es particular; es solamente lo que entendemos sobre algo, solamente guiados por nuestros pensamientos, y que luego sacamos al exterior en unos párrafos. Pueden ser rebatidos por otros ensayos, por otras narrativas que aborden el mismo tema, pero vistos desde otra perspectiva. Los ensayos no se critican, se contrarrestan con otras certezas, con otros juicios que demuestren el error o la inexactitud del otro escritor; y por eso sobre el mismo asunto se puede navegar, pisar la misma senda siempre que se tenga origi...

Una y mil veces...

Una y mil veces intent ó llamarla sabiendo de que ya no volvería sin poder de su mente desatarla por sentirla en el alma todavía.   Su amor g rita ba en pleno desvarío con toda su pasión hecha torrente quer iendo ser empeño, el desafío. para tenerla siempre en su presente .   No pudo silenciar lo que sentía su voz confesional lo delataba vivir sin ella al fin era herejía y en el alma tener como una traba .   Esa era su tragedia y su tortura su nombre pronunciar y recordarla por eso en el espasmo y la locura la lengua se cortó...  por no nombrarla .   Ernesto Cárdenas.    

Ocaso

  Ocaso . Yo te vi en el ocaso del día una tarde de abril cuando me sentía sola las aves emigraban en azul lejanía y el sol se ocultaba entre las sombras Se vistió con sigilo la noche urdiendo la piel que la cubría la vi desnuda frente a mis fatuas ilusiones ¡Oh, ilusiones que lentas se me iban! Vagué entre ondulaciones de brisa que sorda respiraba ante el rostro y no satisfecha todavía hizo volver mi pena con llagas y espolones Y caí en soledades doblada de rodillas ¡Sollozando que no me abandones! Beatriz Vicentelo .