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Perdura lo que fue...

Perdura lo que fue porque no muere n i   cesa de rondar por la memoria eso que cada noche nos sugiere volver a repetir la vieja historia.   Retornar las horas donde todo era tejer delirios con sonrisas plenas donde la fe cerraba su frontera al temor, a la duda y a las penas.   Nada ha borrado la emoción aquella de ser lo claro de un cariño exacto de ser dos luces de una misma estrella y dos motivos redactando un pacto.   Sigue latiendo la pasión antigua el mismo ritmo del amor sin frenos nada se rompe ni se torna ambigua la fe que supo de los tiempos buenos.   Perdura lo que fue después de todo exactamente como el primer día rimando versos sin variar el modo para saber que amamos todavía .   Ernesto Cárdenas.    

La Última Aventura

La Última Aventura Puedo estar a tu lado, sin que tu alma lo sepa acariciar tus manos con temblor de doncella rozar suave tus labios, con la ilusión que trepa al pensarme contigo bajo el haz de una estrella.   Puedo cantar a cielos -sin que el recelo quepa- el verso con fulgor perfilado en centella y puedo alzar en fuego sin prisa ni retrepa la inmensidad de amor que revienta y resuella   Puedo montar tu potro furioso de locura ¡Y cuando las campanas de averno estén tañendo! Saltar al precipicio final de tu aventura   Y en caída y caída, llegar viva muriendo ¡Y ahí entre sangre y lodo!...,  ¡Envuelta de ternura! Decirte al fin el modo, como te estoy queriendo   Beatriz Vicentelo  

Para estar a tono...

Soy viajero del tiempo sin retorno tramoyista de un rumbo sin futuro que escribe sin falacia y sin adorno sereno para el caso y sin apuro.   Busco la frase a fin sin titubeos tejiendo rimas sin ofuscaciones así para dar cuerpo a mis deseos en medio de la noche y mis pasiones.   Llevo en el alma la razón que pone notas al paso con fervor latente y natural, el mismo que transpone su mundo por encima de la gente.   Solo plasmando para estar a tono lo propio, aunque deguste malos tragos no busco por mi bien el falso trono del ego que se empina en los halagos.   Escribo sin salir de mi universo donde soy con mi rima un vagabundo un loco con mi sueño y con mi verso aunque nadie me lea en este mundo.   Ernesto Cárdenas.

¡Clama Orgullo Clama!

  ¡Clama Orgullo Clama!   Fui capullo de rosa en luz de esquina cerúleo rocío en su alborada… Ahora, soy aleznada tosca espina demencial exangüe abandonada   Dile… ¡Que olvide el tanto yo quererle! Que multe espurio celo primigenio ¡Que indulte persistencia por tenerle! Con cíngulo de esparto por mi genio   Que viene solitaria hora angustiante en macilento invierno descarnado Ay mi engreído ORGULLO… ¡Mal palangre!   No reprimas tu grito fustigante ¡Clama!... ¡Que no se vaya de mi lado! ¡Que borbotean penas en mi sangre! Beatriz Vicentelo  

No espero nada...

No espero nada que me cambie el paso con esto ingrato de llegar a viejo cuando cansado mi existir repaso pensando en lo que fui frente al espejo.   Solo mirar los rumbos, el dilema del mundo con sus notas, sus clamores sin cambios en su afán , en lo que extrema que   vuelve a repetirse en los errores.   En esas formas de buscar alturas cada cual con su sue ñ o y   con su ego sin importar para triunfar locuras ni dar para avanzar palos de ciego.   Nada es distinto a lo que ayer miramos no existen para el alma alteraciones pues reincidentes otra vez marchamos para lograr las mismas decepciones.   Es un patrón impuesto, inalterable seguido sin variar el rigorismo como un castigo, un fin inalterable para volver mañana a hacer lo mismo.   Ernesto C á rdenas.

¡Qué Cosas!... Soneto

 ¡Qué Cosas!... Tu carácter machista y prepotente  echaron nuestras ansias por la borda y nuestro amor fue como el de otra gente tóxica relación, absurda y sorda Pensar,  eras mi dios de fantasía ¡El bordado brillante de mis rosas! De mis liras, la suave sinfonía el hombre de ocurrencias amorosas  ¡Soñaba noche y día con tus besos! Con aquella ternura que abrigabas con esa inteligencia que en excesos me dejaba arrobada cuando hablabas ¡Pena,  que siendo un ser tan cautivante! Mostraras tu carácter dominante Beatriz Vicentelo

Sin rencores...

Te vas y te aseguro no me importa lo nuestro fue fatal tras el encuentro eres una mujer que nada aporta te falta la emoción que late dentro.   Tu vida se hace sal sobre la marcha donde nada florece en los rincones el amor no funciona si hay escarcha y la fe pierde el ritmo sin pasiones.   Tengo que darte gracias por lo amable de tu salida sin tener exceso pues sé qué natural no eres culpable de haber nacido con escaso seso.   Por norma no soy hombre de rencores no llego a desearte malas cosas así para borrar los sinsabores así para olvidar tus nebulosas.   Te despido feliz aunque lo dudes   sin encono en el alma , sin ardores con lo limpio al final de mis   virtudes y agobio infernal de tus errores. .   Ernesto Cárdenas.