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Voy a esperar por ti…

  ” Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo” De la Bibli a... Eclesiastés . 1 - 8   Voy a esperar por ti con la firmeza sin prisas, natural como se espera mover del ajedrez alguna pieza o el cruce de una calle a la otra acera.   No forzaré el momento de tu entrega todo tiene un instante, una abertura todo tiene su tiempo, todo llega exacto cual la fruta que madura.   Voy a esperar por ti con la confianza tranquilo, sin variar en el esquema como espero del surco la bonanza o la musa triunfal para un poema.   Sin que importe que niegues el futuro escrito está en tu vida aunque no quieras por eso esperare no me apresuro a ver saltar la chispa en tus hogueras.   Y entonces será luz lo taciturno será extender las manos y tomarte será por fin el turno de mi turno el turno que me llega para amarte.   Haciéndote saber que fui el profeta quien supo ver tu andar y tu destino el mismo de los versos, el poeta que puso en tu sentir el torbellino...

El era..... Por el Día del Padre

Él era...   Era ave luminosa de armonía un encanto de luz en mis albores adalid sin igual de defensores mi Monarca Real de gran hombría   Él era, mi diadema de ambrosía el príncipe soñado en mis candores mi arcoiris fulgurante de colores Mi padre amado  ¡Alma del alma mía!   Era alegría en expresión constante ejemplo de tesón, sabiduría ¡Un ángel que llegó para ser guía! ¡Un ángel que quedó en mí, palpitante!   Beatriz Vicentelo    

Sabré ...

Sabré mirar por dentro sin temores al nuevo amor que asome las narices sin cometer de nuevo los errores antiguos que dejaron cicatrices.   Sabré arrancar total lo que sustenta el alma para hallar mi independencia para borrar al fin tanta tormenta que casi me conduce a la demencia.   Sabré dónde pisar, saliendo ileso dejando en el pasado lo indeciso a otro afán que no aguarde por un beso encontrar el camino al paraíso.   Por eso ves que con apuros huyo para escapar de tu pasión barata y al marchar  hoy contento  sin lo tuyo espero nunca más meter la pata.   Ernesto Cárdenas.

Como un regalo...

No fue bueno esperar para marcharte no era tan necesario el sacrificio hace tiempo pudiste evaporarte y yo dejar atrás tanto suplicio.   No te sorprendas si te digo ahora que fue una bendición la despedida para tener las luces de otra aurora dando a mi libertad la bienvenida.   No sé por qué te demoraste tanto al irte con apuros de mi historia haciéndome vivir en el espanto pensando que no había escapatoria.   Hoy que te alejas creyendo que me hieres que algo se muere en mí frente a tu ausencia te comunico empiezan mis placeres con otra amenidad sin tu presencia.   Con otra sensación para mi vida total en su virtud donde señalo la hermosa facultad de tu partida que la tome de Dios como un regalo.   Ernesto Cárdenas.

¿Debí Hacerlo?

¿Debí Hacerlo? Era ella… y era yo, ella tenía el sol del día yo, el alba de madrugada El con las dos compartía y a las dos … nos engañaba.   Ella… ¡Ella lo quería! Y yo… ¡Yo lo amaba! El sentía que a las dos por igual, nos adoraba.   Y los canjes se daban igual que sus labios cuando besaban ¡Sus brazos estremecían! Cuando la luna meditaba ¡Ay corazón de falsía! ¡¿Cómo podía  … Cómo podía?!    Ella…  En él creía Yo… Yo desconfiaba Y entre malezas de dudas y mentiras ¡Los celos a mí… me mataban! El tiempo pasaba Ella… Confiada Yo… Reclamaba    Y fueron años… ¡De traición, amor y fantasía! Indagué… ¡Ya lo sabía! Ella… ¡Nunca lo supo! Un día ella… ¡Ella se casaba! Yo por encararlo… ¡Sola lloraba! Hoy, ella envejece con él ¡Yo, sola en mi vejez! Beatriz Vicentelo    

Cerré mi puerta…

Cerré mi puerta por dejarla afuera le di un jalón de oreja a mi entusiasmo y así rompí de plano esa manera antigua que sentirla hasta el espasmo.   Fue fácil desatar oscuros lazos dejarla sin respuesta en el camino y desechar lo frío de sus brazos que hicieron de mi ser un torbellino. Nada más natural que verla lejos en mi intensión  total resolutoria borrarla del cristal de mis espejos y arrancar ese ayer de mi memoria . Por otros cauces y por otras luces tras la emoción que esculpe otra sonrisa sin cargar otra vez pesadas cruces con la fe natural que se precisa.   Cerré mi puerta para rechazarle   en locura tal vez o estando cuerdo cerré la puerta para poder darle un puntapié con rabia a su recuerdo.   Ernesto Cárdenas.

Ya te Conocía...

 Ya te Conocía Yo te conocí un día, cuando Dios un forado hizo en el cielo, puesto un sayal de nácar con una luz añil sobre tu pelo; sutil mirada blanca brillaba, señalando azul anhelo. Estaba encinta santa de mi madre en su vientre de lucero mis manitas sujetas a una liana con pequeñitos labios de puchero. Eran manitas castas hojitas de manzano en su frutero con las cuales te hice, un bolero Desde ahí,  yo te amaba con el agú entonándote: ¡Te quiero! Y una paloma blanca quiso traerte en vuelo a mis aciertos, tú, ni acaso soñabas que yo, ya te esperaba,  con los brazos abiertos. Beatriz Vicentelo