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No espero nada...

No espero nada que me cambie el paso con esto ingrato de llegar a viejo cuando cansado mi existir repaso pensando en lo que fui frente al espejo.   Solo mirar los rumbos, el dilema del mundo con sus notas, sus clamores sin cambios en su afán , en lo que extrema que   vuelve a repetirse en los errores.   En esas formas de buscar alturas cada cual con su sue ñ o y   con su ego sin importar para triunfar locuras ni dar para avanzar palos de ciego.   Nada es distinto a lo que ayer miramos no existen para el alma alteraciones pues reincidentes otra vez marchamos para lograr las mismas decepciones.   Es un patrón impuesto, inalterable seguido sin variar el rigorismo como un castigo, un fin inalterable para volver mañana a hacer lo mismo.   Ernesto C á rdenas.

¡Qué Cosas!... Soneto

 ¡Qué Cosas!... Tu carácter machista y prepotente  echaron nuestras ansias por la borda y nuestro amor fue como el de otra gente tóxica relación, absurda y sorda Pensar,  eras mi dios de fantasía ¡El bordado brillante de mis rosas! De mis liras, la suave sinfonía el hombre de ocurrencias amorosas  ¡Soñaba noche y día con tus besos! Con aquella ternura que abrigabas con esa inteligencia que en excesos me dejaba arrobada cuando hablabas ¡Pena,  que siendo un ser tan cautivante! Mostraras tu carácter dominante Beatriz Vicentelo

Sin rencores...

Te vas y te aseguro no me importa lo nuestro fue fatal tras el encuentro eres una mujer que nada aporta te falta la emoción que late dentro.   Tu vida se hace sal sobre la marcha donde nada florece en los rincones el amor no funciona si hay escarcha y la fe pierde el ritmo sin pasiones.   Tengo que darte gracias por lo amable de tu salida sin tener exceso pues sé qué natural no eres culpable de haber nacido con escaso seso.   Por norma no soy hombre de rencores no llego a desearte malas cosas así para borrar los sinsabores así para olvidar tus nebulosas.   Te despido feliz aunque lo dudes   sin encono en el alma , sin ardores con lo limpio al final de mis   virtudes y agobio infernal de tus errores. .   Ernesto Cárdenas.

Al Filo de la Locura... Serventesios

  Al Filo de la Locura   Ingente amor, que en soledad  me fraguas dejando en el camino tu amargura dame la certidumbre de tus aguas con apacible cántaro de albura   Yo que poco creo, en lo que implantas que desconfío de la luz que alumbra ¡Dale certeza a mis inciertas plantas o quítame esta duda que apenumbra!   ¡Pero no dejes a mitad de rutas! Esta cruz pesada de desconfianza que de fango, se colman ya mis   grutas sin que asiente firmeza la confianza   ¡Sacude mi alma que en hondura huelga! La duda mísera que al alma escalda   que ya el caballo de indolencia cuelga... ¡Calavera de penas en la espalda!   Beatriz Vicentelo      

Esplendor de Hierba

  Esplendor de Hierba   Tierra, surco en plantío, guarda vida ya recibe tu vientre humilde grano ¡Madre gestante dulce y bendecida! Resplandeces con útero ambrosiano   Cae copiosa lluvia acomedida "nanas" canta su acento bohemiano y el río con sapiencia amplia del druida desborda su servicio cotidiano.   Levanta el sol su rayo esplendoroso aclamando el iridio cadencioso: ¡El divino milagro que se fragua!   Y empujando, arcilla- humus terroso un bracito… ¡De fina hoja de tagua! ¡Nace!   Con el rocío azul de agua.   Beatriz Vicentelo  

Se va agotando el tiempo...

Se va agotando el tiempo en esa transferencia que se quedó varada sin aspirar la esencia.   Como un deseo grato que se anuló en la ruta y no alcanzó la rama dorada de la fruta.   Ni comprendió una tarde que todo finaliza cuando la fe concluye su anhelo  en la ceniza.   Se va agotando el tiempo sin pausa ante los giros de un alma que en silencio se ahoga en los suspiros.   Se fuga de la risa, se envuelve en su mutismo sin importarle entonces el cielo ni el abismo.   Porque llega el momento en que falla el empeño en que las ilusiones  se quedan  en el sueño.   Por no saber el modo  de reanimar las cosas por dentro donde el frío sepulta mariposas.   Se va agotando el tiempo tras la esperanza trunca s in vislumbrar la aurora y sin tenernos nunca.   Ernesto Cárdenas.

Imposible cambiar...

Yo sé que amo distinto, que me aferro con todo el sentimiento a  mi deseo con ansiedad, sin importar si yerro siguiendo al corazón tras lo que creo.   Nada rompe mi espíritu que eleva entera la pasión a lo supremo por una sensación que grata lleva la forma de querer hasta el extremo.   Hasta romper el límite de aquello que pone el de senfreno  en la porfía hasta alcanzar amando el atropello que lanza la razón a la anarquía.   Y sé que no es normal este delirio este reto del alma sin censura este empeño total que como un cirio alumbra presagiando la locura.   Pero imposible cambia r,  es la manera que pone mi  arrebato   en el torrente es lo interno que grita, que incinera y mi modo de amar… sencillamente. Ernesto Cárdenas.