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Dulce Evocación

  Dulce Evocación   Cuando te pienso en dulce evocación recuerdo el interior de los celajes ¡Grandiosa sementera entre virajes! Que a flor de aroma arroba la ilusión Y en imaginación, beso tus labios me cobijo en tus brazos presionando mi pecho enamorado, exudando el alma su rendida excitación   Luego al sentir, el pálpito en mis sienes   un río brioso, ávido de ensueños corre por mis arterias tras tus sueños ¡Zigzaguea el cristal de la emoción! Y resalta tu brillo en horizontes que en quebrada y meandro persistente cae como cascada por mi frente ¡Ah... desequilibrando mi razón! Beatriz Vicentelo

A las Cinco Horas de la Tarde

 A las Cinco Horas de la Tarde "Islero" Alza el clarín, timbal: ¡polvo, sudor, almagre! La arena se prepara con vuelos de capote. ¡Cinco horas resoplando revuelcos de derrote! Ya las campanas tañen... ¡Cinco horas de vinagre! Se sombrea la tarde con horas espectrales. ¡Con cinco horas aciagas, sesgando piedra y monte! Marca el crespón oscuro portales de horizonte, ¡con gaoneras, verónicas, farol y delantales! El muletazo, en vuelcos, con destreza agitada, arponea colores con banderilleada. ¡Frenéticos aplausos en las gradas del coro! Y molinete en polvo, con sangre de inmodestia. ¡Gira su corneada con sorpresa de bestia! ¡Y el torero sin horas!... ¡Las cinco para el toro! Beatriz Vicentelo

Calendario sin Tiempo

Calendario sin Tiempo Regresé calendarios ojeando recuerdos que en canales del tiempo descansaban dormidos dóciles despertaron  cual si hubieran acuerdos el de nunca olvidarnos en años transcurridos.  La dulzura de instantes acarició jacintos su nombre nuevamente besó mi pensamiento y se abrieron senderos con sus caballos pintos que a tropel levantaron polvo de sentimiento Y sentí cabalgata veloz de luminancia que con intrepidez traspasaba la distancia sin cinchos ni relinchos, sin norte ni lumbrera  Estrujé el calendario con ansiedad compulsa y cerrando ventanas en soledad convulsa disfruté de tus besos, sin que nadie me viera Beatriz Vicentelo -.-

Sobre la bondad del corazón. Prosa.

Hay almas que son afables, indicios de algo en sus actos, en sus naturalezas que les da estatura, que les da la virtud de ser benevolentes, que las aparta de lo común, de lo ordinario para entrar en ese espacio de la cordialidad que es un don, como una lógica del entendimiento a todas las criaturas por principios, por abnegaciones, por sensibilidades, por cuestiones espirituales que en la distancia solo son entendidas, solo son comprendidas luego de pasado el tiempo, después de un sacrificio personal que dejó un recuerdo en la memoria, en la reminiscencia colectiva de los pueblos, que necesitan un lapso, un decurso para observar la historia, para abarcar en toda su dimensión la marcha de los hombres por el mundo. Hablo de personas que no son indiferentes a las penas, a los dolores ajenos, hablo de conciencias claras, de manos extendidas para ofrecer una ayuda, una solidaridad por voluntad sincera que no espera recompensas, hablo de la generosidad que se practica como un dogma, y por ot...

Jamás se Podrá....

Jamás se Podrá...   Puede el tiempo mostrar con feroz algarada su alfanje de furor como cruento castigo trizar las perspectivas con penar del hostigo y postrar con quebranto su crueldad despiadada   Sí, puede dar la vida su hora desesperada que en polvo de salmueras reviste el enemigo esperando lancemos súplicas de mendigo o se maldiga y niegue, la suerte permutada   Claro que puede dar mendrugos de pitanza  despojar pertenencias quedando sin abrigo hundir en cenagal sementeras de trigo mas jamás logrará... ¡Se pierda la esperanza!   Beatriz Vicentelo  

Envejeciendo vamos...

Envejeciendo vamos y aquí estamos con el amor de ayer, con el empeño exacto frente al tiempo donde atamos el rumbo de los dos a un solo sueño.   A un equilibrio sin perder el paso cerrando a los de afuera nuestros planes con buenas vibras y sin un retraso para sembrar con risas tulipanes.   Los años pasan y seguimos juntos soltando riendas a un delirio cierto donde conscientes de nuestros asuntos somos dos barcas hacia un mismo puerto.   Por el motivo de entender que unidos nada nos rompe este sentir de altura este cariño donde los latidos suben del alma la temperatura.   Envejeciendo vamos sin temores al tiempo que presagia la partida cuando la parca borre los colores para empezar a amar en la otra vida.   Ernesto Cárdenas.

Tocan mi Puerta

 Tocan mi Puerta   Que hay un madero ordinario entumecido con un clavo oxidado ante mi puerta llave de incertidumbre cuelga cierta con un gimo impotente refundido   Afuera infiel silencio disuadido por la noche que atisba muy despierta espera con asaz paciencia abierta si corro pasador,  si abrir decido   ¡Ah madero! Ya tanto te has mostrado que te puedo tallar de lado a lado ¡Eres mi postrer lecho, ruin sin luz!   ¡Aquel heraldo negro de Vallejo! Donde se podrirá este pellejo ¡Con tu clavo asesino de Jesús!   .......................................   Beatriz Vicentelo