Con mala estrella...
He terminado de leer un prólogo de Baudelaire, uno que escribió al traducir las obras de Allan Poe por el año 1848, y al repasar de nuevo las tinieblas de esa vida, la desdicha de ese hombre, la opacidad que siempre acompañó su rumbo no puedo dejar de pensar en el destino, en ese rosario de sucesos que apagan la sonrisa y enturbian con saña algunas existencias. Hablo de vidas extraordinarias que a pesar de sus talentos, de sus genios nunca tuvieron sosiego, de almas en fuga, atormentadas por el medio sin poder adaptarse al mundo, ¿quién olvida la lucha de Balzac por escapar de una miseria que parecía sujetar su entorno? hablo de aquellos otros que incomprendidos se aferraron al alcohol como Rubén Darío o el mismo Poe, de los que se hundieron en la locura como Maupassant, Nietzsche o Van Gogh, o simplemente buscaron el suicidio como Stefan Zweig o la melancólica Alfonsina. Hablo de esas vidas destinadas al suplicio, a la fatalidad, que al describirlas Baudelaire se preguntaba: "Que...