El pago...
No pudo ser ya anciano lo que quiso con pesadumbre meditaba en ello tal vez por dejadez, por indeciso por empujar su vida al atropello. Por esas cosas que repiten nudos en cada acontecer de la existencia por esos golpes que resultan rudos y castigan como una penitencia. Sin tiempo para dar un nuevo giro sin ánimo tampoco para el paso ni avizorar la paz para un retiro detrás de la amargura y su fracaso. Miró su historia, se sintió agotado con la ilusión ya muerta y sin alientos sabiéndose total un condenado lejano del amor de otros momentos. Se cerró por dentro, apagó aquel faro antiguo de otra fe para la andanza ya sin consuelo, sin hallar amparo perdida para siempre la esperanza. Era el pago llegado tras la marcha del goce licencioso en los excesos era el instante de sentir la escarcha en el fondo de su alma y de los huesos. Ernesto Cárdenas. ...