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Renacimiento

  Renacimiento   Vengo de un huerto opaco, con tallos zaheridos con hojas remendadas, nervaduras hundidas y he dejado fatigas en pasos recorridos donde flor era espina…   la espina ansias perdidas   Y a través de las horas, los falsos prometidos han salteado arpegios en escalas plañidas con torpes mascarillas en disfraces urdidos en esta fausta danza, que orquesta nuestras vidas   Y, he aquí doy contigo, donde con tus sonrisas en riego, reavivan   somnolientos empeños con el sol de tu verbo, abonando mis sueños   Renacen sementeras, brotando yerbaluisas y se entonan los trinos, con dicha consentida sin importarles sean,   solo por corta vida Beatriz Vicentelo

Para una amiga inolvidable…

Esta poesía se la escribí a una amiga, a una que durante varios años estuvo en un foro, uno que ya no existe donde éramos tres, tres solamente, tres almas firmes en poemas y respuestas, esta amiga era mayor, ella y el esposo me escribían, o se comunicaban conmigo por teléfono  casi a diario, y nunca olvido que estando en el hospital, ingresado por problemas de un riñón ,  llamaban al cirujano todos los días ,  todas las mañanas sin falta para saber por mi salud desde California, fueron mis amigos, o mejor mis hermanos, se portaron mejor que mi familia, y eso fue durante mucho tiempo, ya eran mayores, hoy pasarían de los 90 años. Hace más de un año que no me escriben, y temo que esté fallecido uno o los dos, que es lo único que justifica sus silencios, y para ser sincero no he tenido el valor de averiguar la realidad de sus vidas, porque quiero fantasear, especular esta historia en otro plano, a mi manera, imaginar que ella y al esposo por la edad ya no retienen recuerdos ...

¡Canta Poeta Canta!

¡Canta Poeta Canta!  -Hexadecasílabo- ¡Dulce poeta que ondeas liras con brillo de versos! Eres nardo silencioso de aromática añoranza caricia aterciopelada,  peonía en cálices tersos nervadura pensilante con jazmines de esperanza    Que no despierten tus ebrios sueños mágicos de luna no transborde el pensamiento con apresurado paso que la vinílica noche previa de magia y fortuna brinde armoniosas romanzas sin presagios del ocaso    ¡Pinta magias cromáticas sin detracción de culpables! Que están doblando campanas de desaliento y dolor ¡Moldea con barro egregio, sucesos inconfesables!   Para que fecundes de ámbar, rosas que pierden color ¡Y una vez que tu vocablo cante verbos admirables! ¡Que blandee tu oriflama con sentimientos de amor!  

Nada dejaré atrás...

Nada dejaré atrás de lo que exhuma mi vida que te espera en ese giro hermoso en su ideal porque perfuma lo tuyo que me arrastra hasta el suspiro.   Lo tuyo que da margen al esquema de aquello que me pierde en la manía por esa terquedad en la suprema constancia de saberte solo mía.   Nada dejaré atrás de lo que siento de lo que aprieto dentro en mis fervores de lo que da a mi sueño ese argumento que pone en mis afanes resplandores.   Algo contrario ampliaría el vacío oscuro en la aflicción de un triste paso y volver otra vez a ese sombrío camino sin escape del ocaso.   Algo distinto formará otra nota lejana de la risa y del consuelo ajena de la luz en esa ignota sentencia de la marcha por el duelo.   Nada dejaré atrás de este apetito perenne de un delirio que me indica esa maña por ti y hasta ese grito del alma cuando digo...Chiquitica.   Ernesto Cárdenas

El viejo...

El viejo es lo que fue, lo que aún retiene paisajes de otro ayer en su memoria un lento andar que ya escribió su historia y sabe natural lo que conviene.   Es la razón de aquello que sostiene recuerdos de otro afán y de otra gloria es comprender que no hay escapatoria al fin existencial que cerca tiene.   Es una espera sin después que fría no busca ya marchar a la batalla lo aparta de ese sueño una muralla.   Del tiempo que le muestra la ironía del que saltó mil veces la barrera y hoy contempla los toros desde afuera.   Ernesto Cárdenas.

Una Flor en la Arena

Una Flor en la Arena   Reflejaban las horas a cuadras de mi casa que bajo tus párpados tu sueño me miraba El sutil encantamiento  irrumpía en madrugadas como una paloma herida que aleteaba blanca Mi cansada arena se tornó jardín de plata con un talluelo doblado alzando una flor apretada Y de espera en espera soñaba atemorizada por  salitre frío y amargo  que en otoñal viento llegaba Y rondan y rondan tus ojos las cancelas de mi morada mi jardín se emociona con mariposas exaltadas Ya en sus vuelos las gaviotas Murmuran todas, extrañadas ¡Cómo en mi suelo de arena! Con  ramas viudas solitarias ¡Todavía en tiempos otoñales! Brote una flor enamorada! Beatriz Vicentelo    

Por no encontrarnos...

Nos buscamos los dos por un empeño profundo   que gritaba   desde adentro indagando   tenaz por aquel   sueño del alma que anhelaba nuestro   encuentro.   No s upimos   la ruta convergente que alcanzara a cruzar   este   camino ni si un día nos v i mos frente a frente por azar o por burla del  destino .   Sin entender las notas que intuitivas nos dan entre los pasos los latidos sin comprender las señas decisivas que tocan sin saberlo los sentidos.   Siguiendo así lo aciago de la vida detrás de una ilusión  sin un mañana pensando que el amor no dio cabida para abrir del delirio una ventana. .   Para seguir el crudo mecanismo adverso ante el dolor de no juntarnos para ceder total al fatalismo de andar en soledad sin   encontrarnos.   Ernesto Cárdenas.