Me dio el destino...
Me dio el destino en su amplitud la herencia de ser hijo de Dios y seguir su huella me dio para entender la trascendencia del amor, de la rosa y de la estrella. Del equilibrio sano, de los pasos de aquello que apuntala y determina a no expirar detrás de los fracasos y a recordar que hay luz tras la neblina. Que hay otra amenidad, otro motivo otro cielo, otro ritmo, hay otra cumbre un puente que cruzar y un objetivo para avivar el fuego de la lumbre. Me dio el destino este sentir abierto para esquivar del miedo las dobleces me dio la mente clara y el acierto para crecer después de los reveces. Retando a cada instante el mecanismo del tiempo que deshoja el calendario sabiendo al escribir que soy yo mismo en medio de la risa o del calvario. Me dio el destino, en fin, lo que estimula a darle al pensamiento sensaciones y fuerzas a una fe que confabula atando a mi sentir las obsesiones. Me dio para aprobar la asignatura de un tesón...