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Nada dejaré atrás...

Nada dejaré atrás de lo que exhuma mi vida que te espera en ese giro hermoso en su ideal porque perfuma lo tuyo que me arrastra hasta el suspiro.   Lo tuyo que da margen al esquema de aquello que me pierde en la manía por esa terquedad en la suprema constancia de saberte solo mía.   Nada dejaré atrás de lo que siento de lo que aprieto dentro en mis fervores de lo que da a mi sueño ese argumento que pone en mis afanes resplandores.   Algo contrario ampliaría el vacío oscuro en la aflicción de un triste paso y volver otra vez a ese sombrío camino sin escape del ocaso.   Algo distinto formará otra nota lejana de la risa y del consuelo ajena de la luz en esa ignota sentencia de la marcha por el duelo.   Nada dejaré atrás de este apetito perenne de un delirio que me indica esa maña por ti y hasta ese grito del alma cuando digo...Chiquitica.   Ernesto Cárdenas

El viejo...

El viejo es lo que fue, lo que aún retiene paisajes de otro ayer en su memoria un lento andar que ya escribió su historia y sabe natural lo que conviene.   Es la razón de aquello que sostiene recuerdos de otro afán y de otra gloria es comprender que no hay escapatoria al fin existencial que cerca tiene.   Es una espera sin después que fría no busca ya marchar a la batalla lo aparta de ese sueño una muralla.   Del tiempo que le muestra la ironía del que saltó mil veces la barrera y hoy contempla los toros desde afuera.   Ernesto Cárdenas.

Una Flor en la Arena

Una Flor en la Arena   Reflejaban las horas a cuadras de mi casa que bajo tus párpados tu sueño me miraba El sutil encantamiento  irrumpía en madrugadas como una paloma herida que aleteaba blanca Mi cansada arena se tornó jardín de plata con un talluelo doblado alzando una flor apretada Y de espera en espera soñaba atemorizada por  salitre frío y amargo  que en otoñal viento llegaba Y rondan y rondan tus ojos las cancelas de mi morada mi jardín se emociona con mariposas exaltadas Ya en sus vuelos las gaviotas Murmuran todas, extrañadas ¡Cómo en mi suelo de arena! Con  ramas viudas solitarias ¡Todavía en tiempos otoñales! Brote una flor enamorada! Beatriz Vicentelo    

Por no encontrarnos...

Nos buscamos los dos por un empeño profundo   que gritaba   desde adentro indagando   tenaz por aquel   sueño del alma que anhelaba nuestro   encuentro.   No s upimos   la ruta convergente que alcanzara a cruzar   este   camino ni si un día nos v i mos frente a frente por azar o por burla del  destino .   Sin entender las notas que intuitivas nos dan entre los pasos los latidos sin comprender las señas decisivas que tocan sin saberlo los sentidos.   Siguiendo así lo aciago de la vida detrás de una ilusión  sin un mañana pensando que el amor no dio cabida para abrir del delirio una ventana. .   Para seguir el crudo mecanismo adverso ante el dolor de no juntarnos para ceder total al fatalismo de andar en soledad sin   encontrarnos.   Ernesto Cárdenas.

No eres diferente...

No eres diferente tomando una ruta la ruta que a golpes andando se aprende la que trae sonrisa o da la absoluta manera confusa que al final sorprende.   Se vive amarrado a la fantasía de una gloria en vida que nos dé bondades hasta que la historia te demuestra un día que también existen las adversidades.   Motivos patentes que no son aquellos que daban felices tu corazonada instantes ilusos que fueron destellos de una fe sin pausas que acabó en la nada.   Tras buscar la suerte y aquello que avala la lucha perenne por lograr laureles para ser empeño, para ser un ala y escalar mil ansias para otros niveles.   Esperando un premio tras el sacrificio detrás de ficciones que cabalga el ego cuando se persigue solo el artificio de un sueño que fatuo nos colapsa luego.   La vida trae triunfo y también fracasos fama que a menudo nos resulta infierno pero así seguimos sin variar los pasos como si el camino fuera a ser eterno.   Ernesto Cárdenas. ...

De qué Valió...

De qué Valió…   Hoy que melancolías han cambiado y mi indumento rojo palidece hoy que el frío al calcáneo, entumece y mi brío otoñal se ha sosegado   Yo quisiera rezar lo no rezado con la pena que en llanto no perece y besar esa flor que no florece besarla como ¡No la hayan besado!   ¡Ah!   Fruslerías mías... ¡Y son tantas! Que a liturgia de ocaso, nada santas me estigma con oprobio visceral   Son lágrimas en cruz de mi silencio con las que acaso yo misma sentencio mi vida tan pueril ..., ¡Convencional! Beatriz Vicentelo  

Inmoralidad

  Inmoralidad   Yo no estuve presente, mas contaron los vientos con silencio de reposo que veinte gallinazos se turnaron para hosco picotazo sigiloso   Murmuran que con paso deshonroso se alzó inmoralidad con osadía de un poder en nicho aparatoso ¡Mostrando su sayal de hipocresía!   Y fue aquella mañana que de lejos un cántico espectral flotaba helado, que por viejos senderos en reflejos, caminaba Satán desempleado   El horizonte alzó en la lejanía versos arrepentidos disparejos donde el rezo del Padre Nuestro urgía humectante pupila en entrecejos. Beatriz Vicentelo