El conde de Saint Germain...
Como Nicolás Flamel o el Judío errante, se dice que el conde de Saint Germain no conoció la muerte, que descubrió la piedra filosofal de la vida infinita, y recorrió la historia, el tiempo sin envejecer. Hay muchas anécdotas, relatos de personas que lo conocieron hasta 50 años antes, sin ver con perplejidad y con asombro ningún cambio en su fisionomía, porque permanecía eternamente joven, sin la más mínima mutabilidad en su fisionomía.
Se comentaba que vivió miles de años y que conoció al mismo Jesús camino al Calvario; en fin, no es realidad, pero es interesante el narro, y cualquiera puede ampliar el conocimiento de este personaje buscando en la Internet.
Así escribiría el conde de San Germain si hubiera sido poeta.
Vengo de lejos, de otros siglos idos
retando el tiempo, la cronología
llego de un antes donde hoy son olvidos
los mismos que me vieron algún día.
Porque no muero, soy la vida plena
que no sabe de sombra en sus caminos
ni del reloj letal que con su arena
rompe con el renglón de los destinos.
Que son recuerdos, otras sensaciones
ajenas de lo eterno de otra vida
son epitafios, otras conmociones
que ignoran de otro sueño la medida.
Ya que son breves, porque son mortales
son episodios de una encrucijada
son almas simples, son argumentales
formas de un algo que al final es nada.
Soy diferente, lo he palpado todo
lo bello y lo abismal en su estructura
soy lo distinto, he encontrado el modo
de ignorar más allá la sepultura.
Y sempiterno voy retando acciones
siguiendo tras mis luchas un delirio
alguna idea sin claudicaciones
que me hicieron rozar hasta el martirio.
Cuando aterrado contemplé las llamas
de aquél Vesubio que abrazó Pompeya
y en otra ruta me enrolé en los dramas
del griego en el rigor de su epopeya.
Conocí a Confucio en la antigua China
con sus proverbios y actitud discreta
y en París contemplé la guillotina
cortar el cuello a María Antonieta.
Vi las luchas de Aníbal contra Roma
los pasos de Jesús el nazareno.
y a Bizancio caer cuando la toma
de su muro ante el sable sarraceno.
He observado mucho y por eso ahora
en calma habito sin alteraciones
lejos del malo que sin más devora
al otro sin variar en sus traiciones.
Soy lo que soy sin apurar razones
sin nada que me ate a otros abismos
del hombre con su afán, sus obsesiones
que nunca cambian porque son los mismos.
Ernesto Cárdenas.
Magníficas letras que además de estar perfectamente estructuradas en formidable serventesio, denotan una excelente imaginación al colocarse en la posición de Saint German. La calidad de tus poemas no tienen parangón mi querido Ernesto, porque no solo su forma y contenido es admirable, sino esa grandiosa CULTURA que exhibes y que en muchas ocasiones es didáctica!
ResponderBorrar¡Excelso poema mi buen amigo!
Muchísimas gracias
Un abrazo