¡ Ese Hombre es Mío!
*¡Ese Hombre es Mío!
Vamos aclarar la situación
ese hombre que dices tuyo ¡Es mío!
Desde aquella noche de verano
donde se alborotaron los grillos
al hundirse en mi pecho, sus manos
y brotaron húmedos jacintos,
amapolas ebrias inflamadas
a galope de briosos equinos,
soltando las bridas en el campo
pisotearon troncos y lirios.
En mudos espacios de descanso
se iniciaba entrega con delirio,
y la pasión en su desespero
descontroló demente extravío.
Fueron voluptuosas las praderas
entre relámpagos de suspiros
que cimbrearon sangre en las venas
¡Alzando con fervor los instintos!
Y entre las tempestades de hierbas
dejamos ardiendo los caminos
cogiendo juntos, alas del viento
¡Demostrando cuánto nos quisimos!
¡No, no vengas a decir que es tuyo!
Porque ese hombre ¡Siempre ha sido
mío!
Sus elixires tan hechizantes
eran deseo en cirio encendido
y eran tantas ansias palpitantes
¡Que eclosionaron sendos gemidos!
El mundo nos puso en los diez dedos
aros de luna como cintillos!
Jamás dijo uno al otro ¡Te quiero!
Eso nosotros, siempre supimos
hay palabras que no se pronuncian
porque son ecos "repetitivos"
¡Y en cúspides de los horizontes!
Bastó el celaje como testigo
¡No! ¡No! ¡Ese varón jamás fue tuyo!
Porque ¡Toda la vida fue mío!
De los crepúsculos en las tardes,
nos caían lluvias de rocíos
¡Gritamos con los montes y truenos!
A revuelos de todo el sentido;
y entre remolinos de lujuria
nos hemos lanzado a precipicios,
fraguados por catapulta en fuego
Hondos... ¡Hondos como el abismo mismo!
¡Ah este cuerpo todavía quema!
Como si succionaran vampiros
cada roce, llamas de caricias
un beso ¡Unión de amantes y amigos!
Cada sueño, sutil embeleso
bastante real, nada fingido;
ambos hemos desmayado juntos
y ambos ¡Hemos levantado ungidos!
Nuestras promesas que eran cual rezos
y nuestros rezos ¡Rezos sacrílegos!
que vociferaron a voz en cuello
¡Declarando nuestro gran cinismo!
Sesgaban aves alborotadas
danzando entre crestas de los ríos
picoteando nuestras gargantas
hasta soltar dulzuras de trinos
¡Se mojaron sus crespos cabellos
¡Y se chorrearon mis vestidos!
¡Resbalando en mi desnudo cuerpo!
¡Escalofríos del desvarío!
Ese hombre en dormitares, me nombra
porque no vive si no es conmigo
¡Fue un amante terco endemoniado!
¡Lleno de deseos en suplicio!
A mayor placer...¡Él más me amaba!
¡Con cientos de pájaros festivos!
Entre sus matas de mil antojos
solo para hacer su febril nido
y era un baile donde se sentía
¡Impaciente deseo de hijos!
Así ha transcurrido mucho tiempo,
¡De horas, minutos y segundillos!
Quedando el mundo entero extrañado
¡Por la manera que nos quisimos!
Testigo la luna, que amainó
nuestros ardores como a dos niños
Y entre caricias y tanto arrullo
¡Ató siluetas con rayos finos!
Las hiedras lazaron nuestros cuellos
¡Brazos, cinturas, muslos, tobillos!
Que al querer salir ¡Más se
enredaban!
Haciendo dos chiquillos unidos
¡Sucios, sudorosos, impacientes!
¡Inquietos, llorosos y atrevidos!
Mis pudores ¡El los arranchaba!
para con su cuerpo alzarlo en vilo
mi desnudez loca palpitante!
bajo su vientre impetuoso y limpio
a duras penas se controlaba...
¡Ah, por favor!... ¡Qué no hemos
vivido!
¡Qué pasión para más estrujada!
¡Qué días, qué noches, qué destino!
No podrá nunca olvidar mañanas
¡Ni los muchos besos que nos dimos!
Con el alma en puntillas de pie
con sombra del adiós en exilio
¡Besos de indescriptible dulzura!
¡Ósculos con haces diamantinos!
Tanto que, ahora al yo recordarlos
despierta la púa del desquicio
para rasgar de nuevo, dos almas
¡Que nunca conocieron olvidos!
Esas caricias enmarañadas
están, como anaconda en el piso
esperando el momento de alzarse
¡Para atragantarse con lo habido!
Y aquello... ¡Jamás podrá cambiarse!
¡No me importa, si hoy vive contigo!
Porque aquellos besos que da ahora
son los que da, soñando conmigo
Por eso, sólo digo y te advierto
antes que presumas de cariños
ese hombre que, según tú, es tuyo
¡Ese hombre, ha sido siempre mío!
Beatriz Vicentelo
Nada importa lo largo, lo extenso cuando es un poema que comunica bien, que dice claro, lo que se quiere y lo que se plasma.
ResponderBorrarY aquí te has apoderado de un hombre que lo sientes tuyo, aunque sea ajeno, porque pones por encima ese amor clandestino entre espasmos de la noche y sensaciones. Ese hombre es tuyo porque lo ganaste con tu corazón palpitante y con tus caricias, que como brasas del alma parecen trozos de sol.
Un poema que tiene fuerza y tiene dulzura al mismo tiempo, un poema que como una cascada parece desbordar las emociones entre temblores, reclamos y gemidos.
Me gustó y mucho.
Ernesto C.
Yo no me apoderé de nada mi querido Ernesto, él era mío, es mío y seguirá siendo mío, porque hasta el día de hoy, me escribe y me habla de lo que vivimos, según él vivencias celestes, según yo, vivencias negras jeje... Es o fue mi primer esposo.
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