Filippo Lippi y Lucrezia Donati.
Por ser un hecho real y documentado lo escribo, fue en la ciudad de Florencia ya entrado el siglo XV donde acaeció este suceso.
Es la conocida historia de un artista famoso en su momento, que fue llamado al monasterio de Santa Margarita para darle vida a un cuadro sobre la anunciación.
Este hombre llamado Filippo Lippi era tolerado por la maestría a la hora de hacer una pintura, y digo tolerado porque tenía fama de borrachín y de mujeriego, cosa ésta que no era bien vista en aquella época donde la religión y las buenas costumbres eran cosa de primer orden.
Estuvo largo tiempo buscando el modelo, el rostro de una mujer para la virgen que pensaba dibujar, y un día, conversando con la superiora sobre el tema, vio una monja que le cortó la respiración.
Fue como un sacudimiento del alma, un despertar en otra latitud desconocida, extremada hasta la fascinación lo que sintió al instante, porque allí frente a él estaba la mujer perfecta.
No solo la pintó en el cuadro sino que la enamoró en su arrebato, y Lucrezia Donati que era su nombre, hija de una familia acaudalada también se sintió inclinada a pensarlo de otra manera, lejana de su hábito y de aquél cumplimiento de un voto.
Una tarde ya terminada la pintura se fugaron y el suceso estremeció Florencia,
Ella dejaba atrás un buen nombre y la fortuna que heredaría de sus padres mercaderes ricos; lo dejó todo por un amor que parecía un regalo de arriba, y él puso también su amor por encima de la fama y de la admiración del mundo por su talento; prefería la oscuridad de su nombre a perder aquel amor esperado desde siempre.
Como la historia es extensa, solo diré para concluir que fueron ayudados por la poderosa familia de los Médicis, y perdonados hasta por el Papa, y desde entonces hubo un cambio en Filippo Lippi, en aquel que parecía incorregible porque se apartó de todo y se dedicó a su Lucrezia hasta la muerte, Todos sus cuadros después de conocerla llevan el rostro de su modelo, de aquella madona que le cambió la vida y su pintura.
Y ahora mi poema…
Un amor sin dudar para la historia
volcado en la pasión como un acuerdo
del alma en el cristal por esa gloria
sin sombras que se anuda en el recuerdo.
Por una reacción y ese proceso
interno de una fe cuando señala
perfecto ese lenguaje para un beso
que llega hasta el delirio como un ala.
Así se comprendieron al instante
del cruce de sus vidas en un giro
sublime que anunciaba el apremiante
motivo de ser dos en un suspiro.
No los detuvo nada…ni el convento
ni aquellas reglas duras como un drama
ni un nombre que en el arte era el portento
precioso de un respeto y de una fama.
Rompieron con el mundo, con la ruta
trazada de un camino en la apariencia
buscando concretar esa absoluta
manera de ser luz y ser esencia.
De amar y solo amar en ese apuro
del ritmo de la sangre en lo indecible
de amar y solo amar en el conjuro
de un acto que hizo trizas lo imposible.
Fue un sueño elemental, algo bendito
en medio de aquél siglo y su argumento
fue un amor sin temor frente al delito
en la Italia inmortal del “quattocento
Ernesto Cárdenas.
¡Wow! Qué bonito ese amor, qué belleza de historia, qué fascinante serventesio!
ResponderBorrar¡Ay que me dejaste con las ganas de seguir leyendo Ernesto! Con razón dicen que el AMOR todo lo puede. Con él se da la renuncia más inverosímil, como vemos en este original, fantástico, increíble caso! Y Filippo tiene nombre de cura no? Bueno, eso siempre me ha parecido!
Mira me encantó desde la Introducción hasta tu nombre Ernesto! jaja Sí, es un blog hermoso, se lleva todas las palmas, no sé si será el mejor que he leído, pero sí, por todo lo contado y escrito, lo que más me ha impactado!
Aplausos y más aplausos mi buen amigo!
Qué precioso tema escrito en un magistral poema!
Inmensas y monumentales gracias!!