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Mostrando las entradas de septiembre, 2026

El Límite del Poeta

El Límite del  Poeta Vuela antojada pluma por sitio conocido ver los grandiosos dioses espejados de frente hablar con los espectros de aire desconocido y saltar por  las crestas de ola del mar demente Puede sí introducirse por oído u hocico del celentéreo, ave, de la hiena o serpiente romper alas al águila, destrozando su pico sacudir sus entrañas, con arrojo valiente Puede ser lo que quiera, con trazos de su pluma arrastrarse con ruegos o alzar su faz altiva y puede tener lujos que la ambición requiere Puede pedir se cumpla lo que su pasión quiere que las guerras acaben con todo lo que abruma y que llegue la paz, con misericordia activa Pero,  solo votiva su pluma ese deseo en mente imaginativa no en realidad de vida, ¡Asaz impositiva! Beatriz Vicentelo

Ave de tu Infiel Cornisa

  Ave de tu Infiel Cornisa   Amor de insomnio y magras ojeras crápula entorno de incertidumbre yo no quiero alabastrina lumbre yo quiero..., ¡El ocaso de tus primaveras!   Tú me diste, noches de pesadumbre y toqué puertas de enmohecida madera cuando yo solo quería ¡Ser lumbrera! De tus sueños, de tus lunas de costumbre   Pero tú, lucías el birrete de locura ¡Y eras cárabo rondando mis montes! ¡Lastimaste con tu falsa investidura! Pintándome un fementido horizonte   Mas..., esta historia aún no finaliza ¡Falta todavía, la selección de antojos! Porque..., si he de ser ave de tu infiel cornisa escojo ser..., ¡El cuervo que te saque los ojos! Beatriz Vicentelo

Madre Tierra

 Madre Tierra Soy la madre gestante que saluda con trino de ave al alba en su candor abnegada simiente fiel que exuda la savia inteligente del amor. Sencilla soberana que coluda meandros con el río encantador ¡Diosa que, en cordilleras transmuda! Cóndor y trueno en vuelo arrollador ¡Y mando yo que aguas se rebalsen! Que todo campo en flor ¡Verdes se alcen! Y así talen mis troncos con violencia o que me contaminen el amplio mar continuará porfiada mi presencia ¡Con la benignidad de siempre dar! ¡Soy..., sostén de tu andar! ¡Soy, quién oyó tu llanto de criatura! ¡Y soy...,, quien estará en tu sepultura! Beatriz Vicentelo