La magia de las palabras...
Desde siempre los antiguos tuvieron la palabra como sagrada, porque el mundo mismo había sido creado por la palabra, cuando alguien moría, pronunciar su nombre personal, el genérico era como no dejar que muriera del todo. El mismo faraón gustaba decir que él era “La gran palabra” por el poder de los vocablos, por ese sonido, que era como un regalo de los dioses para comunicar el alma con el infinito, el espíritu con el cosmos.
El nombre de Akenatón, un faraón egipcio, fue borrado luego de morir para que no fuera pronunciado su apelativo, para que el KA no tuviera regreso jamás del inframundo. Esto luego en la antigua Roma fue conocido como "Damnatio memoriae" que era simplemente no decir nunca el nombre de alguien condenado, para que este fuera sepultado en el olvido total.
Tal era la fuerza de la palabra, la esencia de la misma, que en esos tiempos se tenían dos nombres, el conocido y el secreto, uno era la superficie, el que todos sabían, el signo natural de una persona, el otro era impronunciable, guardado sin dar luz, porque decirlo era como revelar el fondo, la substancia de la identidad propia y exponerla a los conjuros, a las artes de la magia oscura.
En el talmud de Babilonia se aconsejaba que para ahuyentar, alejar al demonio se escribiera la palabra de su nombre en un renglón, y en el renglón de abajo volverlo a escribir pero con una letra menos, y así sucesivamente quitando letras de su nombre cada vez, hasta suprimir la ultima letra en el ultimo renglón, donde desaparecía la amenaza del maligno.
El muy conocido nombre de Jehová no tiene traducción, como si Dios ocultara el significado del mismo, y preferiría llamarse “Yo soy el que soy” como le dijo a Moisés junto a una zarza ardiente, (Éxodo 3: 14) evitando declarar su símbolo recóndito, la semántica sagrada de su nombre.
Y es que por las palabras se conoce a la gente, y por las palabras escritas o expresadas se han desatado guerras, han desaparecido personas y pueblos enteros.
Y sobre el tema escribió Quevedo en cierta ocasión:
“Las palabras son como monedas, que una vale por muchas, como muchas valen por una”
Así tambien pueden leerse en estas palabras milenarias:
El nombre de Akenatón, un faraón egipcio, fue borrado luego de morir para que no fuera pronunciado su apelativo, para que el KA no tuviera regreso jamás del inframundo. Esto luego en la antigua Roma fue conocido como "Damnatio memoriae" que era simplemente no decir nunca el nombre de alguien condenado, para que este fuera sepultado en el olvido total.
Tal era la fuerza de la palabra, la esencia de la misma, que en esos tiempos se tenían dos nombres, el conocido y el secreto, uno era la superficie, el que todos sabían, el signo natural de una persona, el otro era impronunciable, guardado sin dar luz, porque decirlo era como revelar el fondo, la substancia de la identidad propia y exponerla a los conjuros, a las artes de la magia oscura.
En el talmud de Babilonia se aconsejaba que para ahuyentar, alejar al demonio se escribiera la palabra de su nombre en un renglón, y en el renglón de abajo volverlo a escribir pero con una letra menos, y así sucesivamente quitando letras de su nombre cada vez, hasta suprimir la ultima letra en el ultimo renglón, donde desaparecía la amenaza del maligno.
El muy conocido nombre de Jehová no tiene traducción, como si Dios ocultara el significado del mismo, y preferiría llamarse “Yo soy el que soy” como le dijo a Moisés junto a una zarza ardiente, (Éxodo 3: 14) evitando declarar su símbolo recóndito, la semántica sagrada de su nombre.
Y sobre el tema escribió Quevedo en cierta ocasión:
“Construí esta tumba en esta necrópolis, junto a los grandes espíritus que aquí están, para que se pronuncie el nombre de mi padre y el de mi hermano mayor. Un hombre es revivido cuando su nombre es pronunciado”Inscripción en la tumba de Petosiris, sumo sacerdote de Thot en Hermópolis. |
Cierto la PALABRA es y tiene PODER, ello ha sido toda la vida y nadie ha dicho nada sensacional ni nada nuevo, cuando ha pronunciado lo anunciado. Ello es tácitamente entendible desde el momento que la boca se abre. Ahora bien, lo del recuerdo y claro, en la repetición es donde se guarece el recuerdo, si tú dejas de repetir una imagen o un nombre, lo olvidas. ¿Cómo se memoriza? Ahí está la respuesta. Y aquello otro que por las palabras uno manifiesta como es su personalidad, el cómo es, es también hartamente sabido. Así que esa introducción es... bueno, algo que todos creo yo, sabemos.
ResponderBorrarLo que sí es y siempre ha sido ADMIRABLE es tu buen verbo, la forma como rimas tus versos que de hecho, es por la riqueza lingüística que posees, gracias al hábito de la lectura; que es lo que te da facilidad para crear tus excelentes poemas. Y esto que te digo y que desde un inicio me agradó mucho, tanto que hizo te buscara entre millones como amigo, fue algo que me atrapó, envolvió... hizo que te admirara muchísimo!!.
Bueno, no sé por dónde me fui, solo agrego que como siempre este poema está constituido por todas aquellas letras maravillosas que siempre me has tenido y tienes acostumbrada leer. Muy bello!
Un abrazo mi poeta favorito!