Todavía...
Todavía...
En el tálamo insomne del reposo
el candil oscuro, yerto yacía
pronto inflamó una luz en el esbozo
mi asombro se exaltó con energía
Y el perfil de penumbra... dio tu rostro
un rostro incandescente de porfía
que ingresaba a mi alcoba con encostro
imponiendo presencia todavía
¡Todavía! ..., ¡Ah! Todavía mandas
en mis noches de pena y de infortunio
¡Todavía, reluces en las andas
de mi cariño ruin sin plenilunio!
¡Todavía sigues agazapado!
En trincheras de sangre, ¡de agonía!
¡Donde notas mi olvido mutilado!...
Al ver mi amor..., que te ama todavía
Beatriz Vicentelo
Un amor que parece detenido, que no se marcha, que aún sobre los avatares de la ausencia necesita sentir, evocar en su nostalgia la presencia de otro ser para sentir que vive, porque hay como una herida abierta, supurante que no cierra, y que en las noches parece crecer con el recuerdo, con la necesidad imperiosa de un alma que no olvida.
ResponderBorrarTodo hecho con claridad meridiana, con ese estilo dual entre acero y terciopelo que le da carácter a tu poema, donde hay orgullo firme y también sentimientos y ternuras que se notan dando calor a cada estrofa.
Ernesto C.