Amores de los grandes...
Existieron amores que, por su fuerza tomaron altura y pasaron a la historia, a la leyenda, por sus firmezas y por sus actitudes, y por cosas en el tiempo que dejaron recuerdos. Unos triunfaron, otros fueron imposibles, pero todos inolvidables.
Amores que quedaron inmortalizados en piedras, como el del emperador mogol Sha Jashan a su esposa al morir dando a luz, a la cual dedicó el famoso monumento del Taj Mahal.
Otros amores arrepentidos, como el de Honorato de Balzac por Laura de Barny, a la cual le dedicó su novela "Un lirio en el valle", o el otro casi imposible del pintor medieval Filippo Lippi por su Lucrecia, sin olvidar el amor de Francisco Petrarca por Laura, a la que escribió más de 300 sonetos, o el otro también imposible de Dante Alighieri por su Beatriz, a la cual colocó en el paraíso en su "Divina comedia"
Para todos esos amores de ayer, de hoy y de siempre... va mi poema...
Amoríos fascinantes de otra historia
gladiadores de otra luz y otras pasiones
remembranzas de otro ayer, admiraciones
de una lucha, de un empeño y de una gloria.
De dos almas por su fe y el estoicismo
que alumbraron otro siglo las estrellas
desafiantes de este mundo y sus querellas
que retaron sin temor el cataclismo.
Caminantes de un afecto vitalicio
en su ruta contra el tiempo y la conjura
corazones de esa rara levadura
que enfrentaron por un beso el precipicio.
Energías de un recuerdo que argumenta
la constancia que se extrema hasta el delirio
voluntades que enfrentaron el martirio
sin temores al naufragio en la tormenta.
Inquietudes ya lejanas de otras vidas
de otro anhelo, de otro afán, de otra manera
de otra raza, de otro brillo o de otra esfera
que nacieron para amar en desmedidas.
Que dejaron un legado en lo evidente
de otra fiebre por encima del dilema
y hoy habitan sin morir en el poema
comprensivo de un milagro diferente.
Fueron alas en el cenit de una alianza
de imposibles que no ataron sus visiones
paradigmas de otra flor, constelaciones
portentosas de un clamor a la esperanza.
Ernesto Cárdenas.
¡Oh si, que hubieron grandes amores que trascendieron, sí que los hubieron!
ResponderBorrarLo has expresado con creces, en tu personalísimo y brillante estilo!
Pero te has dado cuenta, que en la mayoría de los amores, más es lo que ha demostrado el hombre que la dama? Ayer leí precisamente de Charles Bronson, quién vio primera vez a su futura esposa Jill Ireland, del brazo de su esposo David Mc Callum. Bronson quedó tan impresionado con su belleza que le dijo a Mc Callum que se casaría con ella. Y así fue, se casó con ella ni bien murió Mc Callon. Duraron 15 años según dicen los cronistas; muriendo ella de cáncer. Él cremó sus cenizas y las hizo introducir en un bastón que lo acompañaba siempre por donde fuera y por el resto de sus días. Al morir Bronson, lo enterraron con su bastón, no obstante que el actor se casó por tercera vez.
Y bueno, tu narras en poesía estas grandes historias que provocan cierta envidia por la forma como llevaron al límite sus sentimientos, debe ser hermoso sentirlo y hacerlo de esta manera. Desde luego con tus bellas letras, tú has contribuido con excelencia para que yo lo aprecie de esa manera y en esa magnitud..
Muchísimas gracias mi buen amigo!
Un abrazo
Nota: Las letras están muy pequeñas, no se ven.