Imploración
Imploración
Me siento, pordiosera ciega en puertas
de tu templo, un fario resignado,
con manos temblorosas, con abiertas
palmas, viendo que pasas por mi lado
Y ni una mirada, ni una limosna
de amor, cae a mi brazo suplicante
Ruedan las ocres hojas de la alosna
como rueda mi amor agonizante
con una voz de barro que prohíja
suplicando, que dejes una hendija
para este corazón, que va al despido
Sé, que mi dignidad se desdibuja
mas ¿qué hago si tu ánimo me empuja
al siniestro cadalso de tu olvido?
Cuando estás ya perdido
y sientes ese adiós de hondo dolor…
la dignidad ¿Será útil al amor?
Beatriz Vicentelo
Estos amores entregados hasta la médula son los que le dan fuerza y empeño a los poemas, amores a los que nada es más importante que ese cariño esquivo, que parece que se escapa, que no sabe mirar, que pasa por el camino como un ente sin conciencia y, sin embargo, son los que estremecen dentro, los que en medio de la agonía claman por la luz sabiéndola imposible.
ResponderBorrarNo quiero especular mucho, porque no sé contigo por dónde salta la liebre; solo me limitaré a decir que es uno de tus mejores trabajos poéticos, sensible, claro y muy comunicador.
Ernesto C.