Amor Tardío
Amor Tardío He tocado tus manos, como pétalo en rosa ¡Ah caricia sedeña, dulzura que me riega! Nido tierno de hierbas, alas de mariposa esplendidez radiante, frescura que me ciega La luz de encantamiento palpita presurosa y aroma de glicinas en mi viento se mece con silampa en rocío por el cristal que endiosa audacias del amor que vibración remece ¡No, no cierres la ruta que llevan a tus manos! No me niegues placeres normales, tan humanos que aún están mis copas colmadas de ambrosía ¡Dame un caballo alado con purpurina al pelo! Un vestido de encajes con holanes del cielo que ansío revivir… ¡La ilusión que tenía! Beatriz Vicentelo
Era el pago llegado tras la marcha
ResponderBorrardel goce licencioso en los excesos
era el instante de sentir la escarcha
en el fondo de su alma y de los huesos.
Y es un pago que de cierta manera pagamos todos si acaso llegamos a ancianos; si ya ante el portal de medio siglo, se siente la desventaja del cúmulo de años comparados con otros y vemos un entorno que se desenvuelve muy diferente a aquellos tiempos pasados y esto es en una vida normal; ahora ya imagino en una con excesos donde uno ha sido engreído y halagado, indudablemente debe ser un golpe duro, tal como describes en estos bien logrados versos. Y por ese engreimiento y esa disyuntiva de no saber a cual amor elegir, se pasó la vida sin lograr ninguno; cuando se reacciona, tarde, muy tarde.
Sin tiempo para dar un nuevo giro
sin ánimo tampoco para el paso
ni avizorar la paz para un retiro
detrás de la amargura y su fracaso.
Y sí, conozco varios amigos y familiares, que algunos murieron solos, otros viven aún con esa soledad tan conocida, sin haber conocido verdaderamente el amor, en el sentido de tener una compañera y tener hijos, familia. Lo curioso que esto sucede principalmente, podríamos decir, con los que fueron privilegiados de una belleza física, tanto hombres como mujeres. Creo que de ahí nace aquel dicho "la suerte de las feas, las bonitas la desean"
En otros casos, viendo que ya quedan solos con los años encima terminan con parejas nada acordes a su nivel ni cognitivo ni social, ni físico; notándose claramente su desconformidad. Pero ni modo ¿Quién es el culpable de ello? El hombre hace su destino.
¡Excelente tema en un admirable formato literario como es el serventesio!
Era de esperarse, gracias Ernesto!