El pago...

No pudo ser ya anciano lo que quiso 
con pesadumbre meditaba en ello
tal vez por dejadez, por indeciso
por empujar su vida al atropello.
 
Por esas cosas que repiten nudos
en cada acontecer de la existencia
por esos golpes que resultan rudos
y castigan como una penitencia.
 
Sin tiempo para dar un nuevo giro
sin ánimo tampoco para el paso
ni avizorar la paz para un retiro
detrás de la amargura y su fracaso.
 
Miró su historia, se sintió agotado
con la ilusión ya muerta y sin alientos
sabiéndose total un condenado
lejano del amor de otros momentos.
 
Se cerró por dentro, apagó aquel faro
antiguo de otra fe para la andanza
ya sin consuelo, sin hallar amparo
perdida para siempre la esperanza.
 
Era el pago llegado tras la marcha
del goce licencioso en los excesos
era el instante de sentir la escarcha
en el fondo de su alma y de los huesos.
 
Ernesto Cárdenas.

 

Comentarios

  1. Era el pago llegado tras la marcha
    del goce licencioso en los excesos
    era el instante de sentir la escarcha
    en el fondo de su alma y de los huesos.

    Y es un pago que de cierta manera pagamos todos si acaso llegamos a ancianos; si ya ante el portal de medio siglo, se siente la desventaja del cúmulo de años comparados con otros y vemos un entorno que se desenvuelve muy diferente a aquellos tiempos pasados y esto es en una vida normal; ahora ya imagino en una con excesos donde uno ha sido engreído y halagado, indudablemente debe ser un golpe duro, tal como describes en estos bien logrados versos. Y por ese engreimiento y esa disyuntiva de no saber a cual amor elegir, se pasó la vida sin lograr ninguno; cuando se reacciona, tarde, muy tarde.

    Sin tiempo para dar un nuevo giro
    sin ánimo tampoco para el paso
    ni avizorar la paz para un retiro
    detrás de la amargura y su fracaso.

    Y sí, conozco varios amigos y familiares, que algunos murieron solos, otros viven aún con esa soledad tan conocida, sin haber conocido verdaderamente el amor, en el sentido de tener una compañera y tener hijos, familia. Lo curioso que esto sucede principalmente, podríamos decir, con los que fueron privilegiados de una belleza física, tanto hombres como mujeres. Creo que de ahí nace aquel dicho "la suerte de las feas, las bonitas la desean"

    En otros casos, viendo que ya quedan solos con los años encima terminan con parejas nada acordes a su nivel ni cognitivo ni social, ni físico; notándose claramente su desconformidad. Pero ni modo ¿Quién es el culpable de ello? El hombre hace su destino.

    ¡Excelente tema en un admirable formato literario como es el serventesio!
    Era de esperarse, gracias Ernesto!

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