Inteligencia
Inteligencia Del valle a la montaña, del bardo a los cantares de los ojos al alma, de invierno a primavera un torrente aromado de amor con azahares nos abraza al nacer, digna terrestre esfera Sin conocer su nombre, percibimos su esencia en una mujer madre amorosa, abnegada y el torrente de dicha magna..., ¡Ilimitada! nos cubre con su linfa jamás interesada Y por él vino un Dios a salvarnos deste mundo Un mundo donde creció, infante ora necio quien con…, ¡Su propio barro macilla su odio inmundo! ¿Qué ansía aquel empeño? ¡Poder! ¡Publicidad! ¿A costa del repudio, asqueo, del desprecio? ¡Qué inteligencia triste de estulta facultad! Beatriz Vicentelo
Me gustó desde el inicio este poema, porque tiene la ambigüedad sugerente: alguien llega y, con su sola presencia, inaugura la ilusión del amor. No se nombra a la figura evocada, y quizá allí reside parte de su encanto: es presencia, mirada, chispa que despierta la emoción.
ResponderBorrarPor otro lado, tiene una imagen que recuerda mucho a un recurso típico de la poesía de Federico García Lorca, y quizá por eso ciertas partes resultan tan sugerentes; me refiero al final
que salta al corazón como una chispa
y enciende de la noche el infinito
para poderla amar hasta el delito.
Grandioso, el AMOR en efecto no tiene límites!
Gracias mi querido Ernesto, un placer grande leer este valioso poema!
Abrazos