¿Justicia?
¿Justicia?
¡Ella no lo quería! Mas cinismo
de él, con esa insistencia bravucona
sumada a su risible narcisismo
no aceptaba el "rechazo" en su neurona
Llegó la hora letal a hirmas de abismo
él bestia dominante ella leona
horóptero en pupilas hecho sismo
repercutió en sangría valentona
Se asomó la actitud de cobardía
¡Saltó el ardor por sábanas del lecho!
Y a mayor resistencia, más forzó
¡La lujuria que hambrienta relamía!
Sus caderas, sus muslos y su pecho.
Pronta ella ¡Puñalada le
incrustó!
Cuando el juicio se dio…
¡Veinticinco años dieron de prisión!
¡Por defenderse de una violación!
Beatriz Vicentelo
Qué oscuro final, y lo más triste es que abundan esos sucesos. Tu poema, más que una queja, es un grito, y debe, si en verdad hubiera justicia, repercutir en las cuatro esquinas del mundo.
ResponderBorrarY hablamos de estos tiempos, donde hoy se mira con más seriedad esos casos; imagina lo que pasaba en siglos atrás, cuando la mujer no contaba ni para votar en unas elecciones. Hay varios libros que nos dan ideas de esos tiempos, como “Las olvidadas” de Ángeles Caso o “Un cuarto propio” de Virginia Woolf, donde una escritora pedía un espacio que no tenía, porque estaba destinada a rezar y a tejer cuidando niños hasta el fin de sus días.
Me conmovió tu poema.
Ernesto C.