Los Nueve Monstros del Hombre!
Los Nueve Monstros del Hombre
Falto siempre de tiempo
vivía el ermitaño
y con meditación en el desierto
se quejaba, tener mucho trabajo
Un día una persona le visita
y le interpela al verle solitario
- ¿Cómo es que el tiempo dice, no le
sobra
si nadie, lo acompaña en su santuario?
- "Pues verá, tengo bestias que
adiestrar"
Quien preguntó, sin ver por ningún
lado
ninguna bestia - "¿Dónde están
las fieras?
Aquí no hay ni canguro ni
gusano"
- Es que esos animales
están en los humanos
y viven en nosotros
están dentro habitando
Tenemos dos halcones
nuestros ojos de asalto
buscando presas: sean malas, buenas
y tengo que adiestrarlos
para escoger las buenas
Y en mis hábiles manos
igual tengo dos águilas constantes
sin consideración a los humanos
con sus garras destrozan, rasgan,
dañan
¿Una provocación? Ya dan zarpazos
Es deber enseñarles a servir
ayudar, sin pedir nada por cambio
Mis pies, son dos conejos
son algo asolapados
quieren correr por donde ellos desean
solo por buenos prados
Evitan lo difícil
disgustos, que encuentran y malos
ratos
se hunden en la tristeza,
en sufrimientos, cuando hay que afrontarlos
¡Ah!
Tengo una serpiente
quien es la que me da más trabajo
¡Mi mortífera lengua!
Con treinta y dos soldados
¡Incompetentes para controlarla!
Prisionera en su cueva, con
sobresaltos
ni bien abren la puerta
sale dispuesta a hacer bastante daño
intrigando ofendiendo
mintiendo, traicionando
¡Ay esa serpiente llena de veneno!
¡Cuando ofenden mi YO!...
¡Arremete con daño!
Me olvidaba del burro
animal muy obstinado
cuando hay más por hacer
su cuerpo está cansado
Y por último tengo, a un león
quiere ser siempre el rey vitoreado
engreído orgulloso, ser primero
¡Ese es mi corazón con ego alzado!
Ya se dio cuenta ahora buen amigo
¿Por qué le falta tiempo a mi
trabajo?
Beatriz Vicentelo
Este poema, o este narro escalonado, es para aplaudirlo desde las primeras sílabas, porque recuerda los pronunciamientos de los budas llenos de filosofía. Todo lo expuesto es cierto, tiene asidero, y nos hace recordar que la grandeza de la persona se mide por las acciones, no por las palabras. Existe un proverbio árabe que dice que una lengua suelta puede cortar una cabeza, y hablando de monstruos por el título de tu poema, me acordé de Pitágoras, que dijo que para ver monstruos no necesitas ir a la selva, solo viajar por un país en revolución, donde los hermanos luchan contra los hermanos y los hijos mandan al patíbulo a los padres, y creo que los monsttruos son más de nueve, si ahondamos más profundo en el alma humana.
ResponderBorrarMe gustó mucho tu trabajo de hoy.
Ernesto C.