Una y mil veces...
Una y mil veces intentó llamarla
sabiendo de que ya no volvería
sin poder de su mente desatarla
por sentirla en el sueño todavía.
Su amor gritaba en
pleno desvarío
con toda su pasión hecha torrente
queriendo ser empeño, el desafío.
para tenerla siempre en su presente.
No pudo silenciar lo
que sentía
su voz confesional lo delataba
vivir sin ella al fin era herejía
y en el alma cargar como una traba.
Esa era su tragedia y su tortura
su nombre pronunciar y recordarla
por eso en el espasmo y la locura
la lengua se cortó... por no
nombrarla.
Ernesto Cárdenas.
Un grandioso soneto clásico! Por pocos versos no fue soneto yámbico o heroico. ¡Excelente!
ResponderBorrarEl contenido se desplaza por empeños de olvidar un amor, sin lograrlo, hasta que en el último verso, termina con una decisión que para su batallar en su causa, tuvo que privarse del habla.
Fuerte pero espléndido mi querido Ernesto!
Me gustó ese extremo!
Miles de gracias, es un grandioso soneto en forma y contenido!