He terminado de leer un prólogo de Baudelaire, uno que escribió al traducir las obras de Allan Poe por el año 1848, y al repasar de nuevo las tinieblas de esa vida, la desdicha de ese hombre, la opacidad que siempre acompañó su rumbo no puedo dejar de pensar en el destino, en ese rosario de sucesos que apagan la sonrisa y enturbian con saña algunas existencias.
Hablo de vidas extraordinarias que a pesar de sus talentos, de sus genios nunca tuvieron sosiego, de almas en fuga, atormentadas por el medio sin poder adaptarse al mundo, ¿quién olvida la lucha de Balzac por escapar de una miseria que parecía sujetar su entorno? hablo de aquellos otros que incomprendidos se aferraron al alcohol como Rubén Darío o el mismo Poe, de los que se hundieron en la locura como Maupassant, Nietzsche o Van Gogh, o simplemente buscaron el suicidio como Stefan Zweig o la melancólica Alfonsina.
Hablo de esas vidas destinadas al suplicio, a la fatalidad, que al describirlas Baudelaire se preguntaba:
"Que diabólica providencia les preparaba la desgracia desde la misma cuna."
Mi poema es para esas almas que parecen acentuar el martirio, el infortunio desde siempre y caminar un sueño sin esperanzas.
Hay seres prisioneros y hay destinos
atados al horror que los asedia
corazones que envuelven torbellinos
y rumbos que proyectan la tragedia.
Que marcan para andar el desacierto
del drama, de la angustia y del abismo
y cargan con su infierno y su desierto
en medio de un siniestro fatalismo.
Tatuados en el luto, en las arterias
de todo lo escabroso y discrepante
forzados a arrastrar con las miserias
aciagas de su mundo delirante.
¿Qué signo los acosa y los tortura?
¿qué crueldad los enreda con la pena?
¿qué extraño azar los lanza a la amargura?
¿qué tribunal los juzga y los condena?
Seres que son lo gris y lo funesto
el deplorable afán, la desventura
seres que son el duro manifiesto
de un algo que persigue y los censura.
¿Quién eclipsa y estigma ese sendero
insólito que se abre a lo reverso
¿quién en sombras impone el lastimero
agobio de una vida hacia lo adverso?
¿Quién estampa el motivo irrevocable
turbando el equilibrio de los pasos?
¿Quién conmociona adentro el impalpable
espíritu que orbita en los fracasos?
¿Qué arcano en lo absoluto nos destapa
preguntas sin respuestas ni salidas?
¿Qué conjuro letal se nos escapa
del pensamiento estrecho en sus medidas?
Tras contemplar al hombre… simple arcilla
en manos de la eterna providencia
y no entender la fiera pesadilla
que sella con la noche una existencia.
Ernesto Cárdenas...
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