Los remordimientos...
Los remordimientos de Nerón tras matar a su madre, pintura de john william waterhouse
Los
remordimientos son reminiscencias de un error, sucesos de una sombra, un daño
causado por nuestra flaqueza o por nuestra maldad a otro ser, haya sido
involuntario o no, son voces internas de una conmoción, de un yerro que vuelve
en olas por un dolor que provocamos en un pasado, por nuestra incomprensión o
por nuestra ignorancia, de una acción cometida que inflexible hoy se nos
presenta como una impiedad, como algo que provocamos, por irreverencia, por
estupidez o por canallada.
Los remordimientos susurran en la noche, memorizan una acción injusta, una
fealdad en nuestro itinerario, una reminiscencia que anuncia, que descubre un
abuso cometido, o simplemente aquello que apuramos para un atropello y hasta
para un crimen.
Son los agujeros negros de la mente, remembranzas de lo que un día lastimamos;
son fantasmas que trepan por la conciencia y dejan una culpabilidad en el alma
y en los pasos.
Algunos episodios, diría que los más, son desconocidos, porque están profundos,
porque nadie los indaga y a nadie le importa, pero hay otros que tienen
expedientes, son célebres, son remordimientos famosos de la literatura y de la
historia y quiero compartirlos, darlos a la luz.
Uno de esos remordimientos es el de Nerón, y nos guiamos por los anales de
Tácito, para conocer lo que sucedió en esos tiempos del poderío romano, cuando
este emperador, con apenas veintiún años, planeó y llevó a cabo el asesinato de
su madre Agripina la menor, a la que mandó fuera quitada del medio por
pretorianos bajo su mando. Nos cuenta Tácito que esta, al ver su lecho rodeado
de puñales y de espadas, gritó abriendo su túnica y señalando su parte baja del
abdomen: "Hiéreme aquí, hiéreme en el vientre" como desafiando
al centurión a que desgarrara esa parte por donde había nacido quien ahora la
mandaba a matar.
Luego nos cuenta que esa noche Nerón no pudo dormir, se quedó como mudo,
acongojado, en busca de las luces de los candelabros por temor a las sombras, a
la conciencia, por temor a su maldad.
Hay una pintura de John William (colocada encima) que lo retrata en ese momento terrible, donde
se contempla a Nerón sobre un triclinio con las manos en las mejillas y la
mirada perdida, sin concentración para no ver su culpa.
Otro remordimiento muy conocido es el de Honoré de Balzac, cuando enamoró y
conquistó a Mme de Berny, mujer mucho mayor que él y que lo ayudó en todo para
sus sueños y que luego abandonara. Eso más tarde le causó remordimientos y
siempre llevó a cuestas esa pena, y hasta se dice que su novela “El lirio en el
valle” la escribió pensando en ella, para descargar de su alma aquella sombra.
Hay un remordimiento que aún muchos años después está sumido en el misterio; es
el de Alejandro l zar de Rusia, que permitió que los soldados mataran a su
padre, el zar Pablo l a patadas para llegar al trono. Si bien es cierto que el
zar Pablo l estaba loco. su muerte fue sumamente trágica y cruel, tanto que el
joven Alejandro l quedó impresionado, y en el año de 1825 en un viaje a Crimea,
se dice que murió, aunque su tumba abierta un año después se encontró vacía.
Se comentaba en aquellos tiempos que Alejandro l fingió su muerte, para
peregrinar agobiado por los remordimientos por la Siberia, como un monje con el
nombre de Fiódor Kuzmich.
Hay una tragedia griega de Sófocles, que se llama “Edipo rey”
en donde este, por mal interpretar las palabras del oráculo de Delfos se casa
por error con su madre Yocasta y mata a su padre Layo, y Edipo, al enterarse del
hecho se arrancó los ojos para no ver su crimen, ni a los hijos que había
engendrado con su madre.
En fin, los remordimientos son esencias humanas para castigar, para que el
hombre no se repita en los vicios, en las virulencias de una vida ingrata, para
que exista un freno, una superioridad moral que lo limite, que lo haga observar
la realidad sin espejismos y se arrepienta de su perfidia, para que renazca de
nuevo con otro corazón, y para que se mire de frente en el espejo de su
discernimiento.
Ernesto cárdenas.
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