Mao Tse Tung...el emperador rojo...
Este poema que escribo me lo inspiró un libro que leí hace un tiempo, un libro que abre puertas para ver la China oculta, aquella que bajo las órdenes de Mao Tse Tung hizo de aquél país un caos.
El libro se titula "Cisnes salvajes" y su autora es una mujer, Jung Chang, que pasó todos los avatares, toda la tragedia de ese régimen junto a su familia, desde el comienzo mismo hasta el final, desde que tomaron el poder los comunistas en el año 1949.
En ese tiempo y durante décadas gobernó un solo hombre, uno que como sucede hoy en Corea del Norte se empinó como un Dios, como lo mas supremo y quiso cambiar la historia milenaria de ese pueblo, dictando lo que se leía y que se comía, que ropa se usaba y quien se casaba con quien.
Todo lo que escribo está plasmado, cualquiera puede ir a You tube y bajar un documental sobre Mao Tse Tung, para que se dé cuenta hasta donde llegó el ego de este hombre, quien no sepa lo que es un régimen comunista no puede calcular la magnitud de una tragedia, no podrá comprender a cabalidad el alcance de una dictadura que se mantiene a la fuerza por el miedo.
La llamada "Revolución cultural en China" solo se puede comparar con la época del terror en Francia, cuando Robespierre hizo rodar miles de cabezas bajo el filo de la guillotina, en ese tiempo se encarceló en China a miles de personas y otras muchas miles fueron asesinadas, todo el que pareciera intelectual era acosado, apaleado y muerto.
Solo los libros que se podían leer eran los escritos por este egocéntrico, solo las fotos en los periódicos de primera plana eran las de él, las estatuas eran las de él, y en las escuelas solo se estudiaba lo que decía este dictador.
En fin, hay que leer el libro para entender quien fue en verdad este narcisista de la política, este fanático del poder que solo dejó desgracias y tragedias a su paso.
Y ahora mi poema...
Fue vil en el extremo hasta lo adverso
que va contra natura por un gusto
su causa fue la sombra y lo perverso
de lo cruel, de la rabia y de lo injusto.
El ego su delirio y su porfía
su voluntad crucial y su motivo
para escalar soberbio aquella impía
oquedad de su tétrico objetivo.
Que era su prioridad, su improcedencia
la impiedad total en sus enojos
su modo, su decir que era sentencia
dictada para el pueblo a sus antojos.
Sin que importara el grito agonizante
la sangre derramada o las edades
en contra del contrario, el discrepante
o solo el que pedía libertades.
Rompió familias, denigró al maestro
fusiló al doctor, persiguió al poeta
a todo el que estudiara y fuera diestro
para lograr luchando alguna meta.
Destruyó libros, todo lo que fuera
distinto a su palabra, a su dispensa
todo lo de otra mente fue a la hoguera
todo para ser él solo el que piensa.
Su rostro en la revista, en un cartel
era cosa común, era un mandato
él era la cereza del pastel
él era el dios eterno en su arrebato.
El rojo emperador, el que se enquista
en todo corazón a sangre y fuego
el único, el supremo, el comunista
que siempre ante el dolor supo ser ciego.
Está en la historia para aquél que lea
este quehacer amargo de un villano
al que comprenda bien esa odisea
obscura de un malvado ser humano.
Y escribo para aquellos que no entienden
el horror abismal de estos sucesos
los mediocres, cobardes que defienden
lo inmoral de un tirano en sus excesos.
Ernesto Cárdenas.
Uf mi querido Ernesto, que tales letras, tanto en prosa como en poema!
ResponderBorrarSin ninguna duda esa era en China, fue caótica, desastrosa y salvaje. El hombre no tenía límites para su dictadura, se hacía lo que él quería o sino lo mataban.
Chocante e indignante la dictadura de Mao Tsé Tung en todo lo que narras y grandioso, sin precedentes, tu poema mi querido amigo! Sí, porque te he leído anteriores poemas, pero ninguno tan deslumbrante como el que hoy presentas.
Mis venias de reconocimiento Ernesto, sencillamente eres GRANDE amigo!
Inmensas gracias por esta joya literaria.