Aprendemos a amar...

Aprendemos a amar luego que adentro
algo nos cambia al madurar la fruta
y aleja los extremos, da ese centro
para otra conmoción que nos transmuta.
 
Cuando ya conocemos que hay abismos
debajo de los pies en cada paso
cuando no se persiguen espejismos
y se entiende el momento del ocaso.
 
Cuando vemos las cosas importantes
sin prisas conociendo en esas notas
la grata amenidad de esos instantes
que sueltan de la risa las gaviotas.
 
Aprendemos a amar en otra clara
manera de mirar con otros ojos
sin el barniz antiguo de otra tara
que no supo escapar de sus abrojos.
 
A amar, amar sin esperar que a veces
acepten esas luces los de afuera
que fríos sin saber cómo los peces
no pueden distinguir que hay otra esfera.
 
Que orbita natural tras de las canas
con ala blanca para ser paloma
y que al anochecer abre ventanas
para contar su amor en otro idioma.
 
A amar, amar para soñar de nuevo
buscando del arrullo los niveles
sin recordar otro matiz longevo
que nunca dejó marca en nuestras pieles.
 
Para cantar, saber que hay mil razones
que esperan para un cauce y una cumbre
para dejar a un lado las tensiones
y hacer de la esperanza una costumbre.
 
Aprendemos a amar, a ver las cosas
en otra amenidad, cuando los años
nos gritan que en lo interno hay mariposas
para pisar con fuerza otros peldaños.
 
Esos que retan, que dan otro prisma
para otro acontecer y otra porfía
del alma en el asombro de ella misma
al descubrir que siente todavía.
 
Ernesto Cárdenas.

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