Los agotes…

Los agotes fueron una etnia marginada, acorralada por la sociedad de su tiempo, que tejieron sobre su origen y sus actos mil conjeturas, mil leyendas sin base para apoyar el disparate de sus especulaciones raciales.
Fueron empujados a vivir casi a escondidas, como fieras en contra de su voluntad, solo por haber nacido en el seno de una casta diferente, como bastardos del mundo.
Los agotes habitaban ambos lados de los Pirineos: los de España en la zona de Navarra y los de Francia en un lugar conocido como Rive de Gauche.
La historia de ese pueblo se remonta a principios del año mil de nuestra era, que eran entonces tiempos turbulentos de cruzadas, de vikingos, de los ataques de los piratas turcos y de enfermedades como la lepra, que había aparecido a través de contactos con viajeros llegados de la India.
Se cuenta que los agotes eran bien conocidos por no tener lóbulos en las orejas, y también por las piernas abiertas entre las rodillas, como los vaqueros del oeste americano; estos pobres hombres marginados eran rubios, de ojos azules, con largas greñas que cubrían con un gorrito frigio, de aquellos que usaban los sacerdotes en los templos orientales, y que luego hicieran famosos las turbas en la Revolución francesa.
A ellos, como luego a los leprosos, se les prohibía entrar a las iglesias, a no ser por una pequeña puerta lateral que aún se puede ver (ya cegada, por supuesto) en algunos templos antiguos de esa región de Navarra, con un letrero infamante "AGOTE ATHEA" para indicar que esa era la única puerta para ellos, donde recibían el agua bendita en la punta de un palo de dos metros.
Se les prohibía reunirse con personas "normales", entrar al pueblo en días de fiesta o realizar otro oficio que no fuera el de carpinteros.
Hoy ya se han ido de esas tierras, han emigrado a otros lugares; y los que quedan, cuenta el escritor español Fernando Sánchez Dragó en su libro "Gárgoris y Habidis", se niegan a dar informes por vergüenza.
Me conmovió esa historia que me recordó al sistema de castas de la India, donde los sudras ocupaban el último renglón en la escala social, sin poder escapar de su nivel de inferioridad, ni tener esperanzas para un cambio de su tragedia y de su miseria. 
Mi poema es para solidarizarme con aquellos que, en su momento, el mundo y la ignorancia apartaron, maltrataron y les mataron su fe y sus  esperanzas.


Los agotes...


Estirpe de una sombra y de un suplicio
de un entorno en el tiempo de otra fecha
un algo que dejó en el precipicio
el alma de una casta en la sospecha.
 
Un pueblo, todo un pueblo marginado
atado a la agonía de una herencia
por lo vil, por lo cruel de algún pasado
torcido que imponía una sentencia.
 
Su origen un misterio en las perplejas
acciones de una historia sin semblanza
de una exclusión por siempre en las añejas
neblinas que mataban la esperanza.
 
Se dijo eran plebeyos o gitanos,
judíos despatriados o incestuosos
horrenda iniquidad de otros arcanos
inmundos de vampiros y leprosos.
 
Nadie les dio valor ni supo el grito
del alma que flagela y que encadena
cargando su dolor como un delito
en medio del estigma y de la pena.
 
Se fueron de su tierra, se fugaron
de aquella sociedad sin nada tierno
de la maldad perenne que dejaron
recuerdos de otro azar como un infierno.
 
Ya no importa pensar en esos modos
antiguos de otro signo y de otra traza
ni si eran sarracenos o eran godos
por sangre contagiada de otra raza.
 
Solo pedir perdón a esos ancestros
por toda esa abyección contra lo humano
y comprender que son pecados nuestros
aquellos los de ayer contra un hermano.
 
Ernesto Cárdenas.

Comentarios

  1. Espero contestes, a mi me sale lo de siempre...

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  2. Solo pedir perdón a esos ancestros
    por toda esa abyección contra lo humano
    y comprender que son pecados nuestros
    aquellos los de ayer contra un hermano.

    ¿Sólo pedir perdón A ESOS ANCESTROS SALVAJES INHUMANOS, nosotros a ellos? Jamás! Lo que hicieron no tiene nombre; y ¿debo comprender que son pecados nuestros? Bueno, si se generaliza que es hechura del hombre, o de la raza humana, tal vez; pero no cabe, como ¿vamos a nosotros pedir perdón y también nosotros mismos acaso también perdonarnos? Ser juez y parte? Bajo ese prisma, entonces también pedir perdón a Nerón, a Hitler y a esa retahíla de reyes, sátiros, que fueron asquerosamente malvados. Bueno, ya me explicarás... Bonito fuera que a un violador, le venga yo a pedir perdón solo por ser de la misma raza humana... No, creo que ahí hay que ver la forma de corregir eh?

    Por lo demás, interesantísimo lo que has publicado, sumamente interesante! No tenía ni idea de estos agotes, menos de la miseria, enajenación que fueron objeto. Sin duda, a medida que se va uno enterando de la Historia del Hombre, uno se va horrorizando e indignando de tanta maldad que viene desde que se hizo el mundo... ¡Horror siente uno, de las aberraciones que han sido capaces de hacer; y no me digas que nosotros, porque yo no soy capaz ni de matar una mosca!!

    Gracias por esta aportación, que me dejó totalmente asombrada, en todo aspecto!!
    Hasta mañana

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