Ya te Conocía...
Ya te Conocía
Yo te conocí un día,
cuando Dios un forado hizo en el cielo,
puesto un sayal de nácar
con una luz añil sobre tu pelo;
sutil mirada blanca
brillaba, señalando azul anhelo.
Estaba encinta santa
de mi madre en su vientre de lucero
mis manitas sujetas a una liana
con pequeñitos labios de puchero.
Eran manitas castas
hojitas de manzano en su frutero
con las cuales te hice, un bolero
Desde ahí, yo te amaba
con el agú entonándote: ¡Te quiero!
Y una paloma blanca
quiso traerte en vuelo a mis aciertos,
tú, ni acaso soñabas
que yo, ya te esperaba, con los brazos abiertos.
Beatriz Vicentelo
Toda una premonición se lee en tu poema, donde en la oscuridad del vientre materno, desde ese nido cálido, desde lo íntimo de la madre, ya existía, por obra del Espíritu Santo, un amor, digamos que el embrión de un sentimiento esperanzado, un amor que se puede situar en otro plano de la vida, en otro espacio del tiempo aun sin estrenar, sin todavía conocer del beso.
ResponderBorrarMe hiciste meditar sobre ese misterio de la existencia antes de ver la luz del sol: ¿tendrá conciencia el feto?, el óvulo en el fondo de su cuna carnal… quién sabe.
Ernesto C.