Los agotes…
Los agotes fueron una etnia marginada, acorralada por la sociedad de su tiempo, que tejieron sobre su origen y sus actos mil conjeturas, mil leyendas sin base para apoyar el disparate de sus especulaciones raciales. Fueron empujados a vivir casi a escondidas, como fieras en contra de su voluntad, solo por haber nacido en el seno de una casta diferente, como bastardos del mundo. Los agotes habitaban ambos lados de los Pirineos: los de España en la zona de Navarra y los de Francia en un lugar conocido como Rive de Gauche. La historia de ese pueblo se remonta a principios del año mil de nuestra era, que eran entonces tiempos turbulentos de cruzadas, de vikingos, de los ataques de los piratas turcos y de enfermedades como la lepra, que había aparecido a través de contactos con viajeros llegados de la India. Se cuenta que los agotes eran bien conocidos por no tener lóbulos en las orejas, y también por las piernas abiertas entre las rodillas, como los vaqueros del oeste americano; estos p...
Decir amor es encontrar la exacta
ResponderBorrarconjunción de un espasmo y de una prisa
algo que canta dentro cuando pacta
con la luz, con el nervio y con la risa
con la fe que nos toca y nos impacta
el rumbo natural que se divisa
hasta el fin y evitando que se quiebre
la pasión para amar... hasta la fiebre.
Si, por ello es que hablamos de delirio, qué mejor que la fiebre de amor para describirlo, explicarlo. Es un sentir que nace de pronto, ¿sin darnos cuenta? Yo creo que sí nos damos cuenta, porque empieza con el gusto, con la identificación, con el encantamiento, pareciera que flotara en la atmósfera un vaho de hechizo, embrujando, mareando, introduciéndose en dos personas al mismo tiempo. Y uno encuentra en los ojos del otro, el paraíso tantas veces prometido y tan buscado sobre todo y lo encuentra precisamente ahí en la pupila de los ojos de la persona que nos gusta y aunque no lo digamos, nos hundimos en esas pupilas disfrutando de la bondad de su mirada. Es un instante que se hace eterno en nuestra memoria como si se tomara una fotografía quedando impresa acaso para siempre. Porque si, uno puede dejar de ver a esa persona que un día amamos; pero al evocarla, recordamos nítidamente la pupila de sus ojos, su mirada.
¡Maravillosas décimas mi querido Ernesto!
Gran place me ha causado leerte, desde luego las he disfrutado grandemente!!
Gracias