Decir amor...

Decir amor es sensación y aquello
que tiene de raíz y transparencias
de rumor, de promesas, de destello
de citas, de emoción y confidencias
Decir amor es estampar un sello
que alberga para un sueño convergencias
en almas que serán metamorfosis
de un nuevo amanecer a la simbiosis.
 
Decir amor es constatar un hecho
que salta del deseo en los desmanes
en una rebelión como un cohecho
oscuro de la mente en sus afanes
por una conmoción que está en acecho
retando en su inquietud los alacranes
internos de un delirio que nos ata
a siempre poner leña a la fogata.
 
Decir amor es encontrar la exacta
conjunción de un espasmo y de una prisa
algo que canta dentro cuando pacta
con la luz, con el nervio y con la risa
con la fe que nos toca y nos impacta
el rumbo natural que se divisa
hasta el fin y evitando que se quiebre
la pasión para amar... hasta la fiebre.
 
Ernesto Cárdenas
.

Comentarios

  1. Decir amor es encontrar la exacta
    conjunción de un espasmo y de una prisa
    algo que canta dentro cuando pacta
    con la luz, con el nervio y con la risa
    con la fe que nos toca y nos impacta
    el rumbo natural que se divisa
    hasta el fin y evitando que se quiebre
    la pasión para amar... hasta la fiebre.

    Si, por ello es que hablamos de delirio, qué mejor que la fiebre de amor para describirlo, explicarlo. Es un sentir que nace de pronto, ¿sin darnos cuenta? Yo creo que sí nos damos cuenta, porque empieza con el gusto, con la identificación, con el encantamiento, pareciera que flotara en la atmósfera un vaho de hechizo, embrujando, mareando, introduciéndose en dos personas al mismo tiempo. Y uno encuentra en los ojos del otro, el paraíso tantas veces prometido y tan buscado sobre todo y lo encuentra precisamente ahí en la pupila de los ojos de la persona que nos gusta y aunque no lo digamos, nos hundimos en esas pupilas disfrutando de la bondad de su mirada. Es un instante que se hace eterno en nuestra memoria como si se tomara una fotografía quedando impresa acaso para siempre. Porque si, uno puede dejar de ver a esa persona que un día amamos; pero al evocarla, recordamos nítidamente la pupila de sus ojos, su mirada.

    ¡Maravillosas décimas mi querido Ernesto!
    Gran place me ha causado leerte, desde luego las he disfrutado grandemente!!
    Gracias

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