¿Debí Hacerlo?
¿Debí Hacerlo?
Era ella… y era yo,
ella tenía el sol del día
yo, el alba de madrugada
El con las dos compartía
y a las dos … nos engañaba.
Ella… ¡Ella lo quería!
Y yo… ¡Yo lo amaba!
El sentía que a las dos
por igual, nos adoraba.
Y los canjes se daban
igual que sus labios
cuando besaban
¡Sus brazos estremecían!
Cuando la luna meditaba
¡Ay corazón de falsía!
¡¿Cómo podía … Cómo podía?!
Ella… En él creía
Yo… Yo desconfiaba
Y entre malezas de dudas y
mentiras
¡Los celos a mí… me mataban!
El tiempo pasaba
Ella… Confiada
Yo… Reclamaba
Y fueron años…
¡De traición, amor y
fantasía!
Indagué… ¡Ya lo sabía!
Ella… ¡Nunca lo supo!
Un día ella… ¡Ella se casaba!
Yo por encararlo… ¡Sola
lloraba!
Hoy, ella envejece con él
¡Yo, sola en mi vejez!
Beatriz Vicentelo
Esos amores duales son tóxicos; el amor es indivisible, compartirlo es antinatural y de ahí los sufrimientos y muchas veces las tragedias. Lo lógico es tener la lógica como guía ante un suceso que de entrada sabemos que es funesto; yo, en lo particular, como más me enamoro de las acciones que de las caras, no entro en ese desdoblamiento de sentimientos.
ResponderBorrarPero la idea del poema es buena porque cambia lo ya sabido de un amor normal, rompe con la idea de un mundo mágico, donde todo parece que sonríe.
Muy bueno tu poema, es de mi gusto porque sale del esquema y plantea algo que se repite mucho en la realidad, el de un amor compartido.
Ernesto C.