Envejeciendo vamos...

Envejeciendo vamos y aquí estamos
con el amor de ayer, con el empeño
exacto frente al tiempo donde atamos
el rumbo de los dos a un solo sueño.
 
A un equilibrio sin perder el paso
cerrando a los de afuera nuestros planes
con buenas vibras y sin un retraso
para sembrar con risas tulipanes.
 
Los años pasan y seguimos juntos
soltando riendas a un delirio cierto
donde conscientes de nuestros asuntos
somos dos barcas hacia un mismo puerto.
 
Por el motivo de entender que unidos
nada nos rompe este sentir de altura
este cariño donde los latidos
suben del alma la temperatura.
 
Envejeciendo vamos sin temores
al tiempo que presagia la partida
cuando la parca borre los colores
para empezar a amar en la otra vida.
 
Ernesto Cárdenas.

Comentarios

  1. Y es muy cierto lo que dices, "envejeciendo vamos" y lo sabemos y lo asumimos; bueno, no queda otra cosa que aceptarlo y seguir adelante. Adelante, ¿a dónde se dirige ese adelante? Unos los llaman vivir porque no queda otra que seguir viviendo; mas cuando otros le encuentran el propósito para seguir avanzando, la vejez se da físicamente ya que ello es inevitable; pero, con el corazón y mente acaso rejuveneciendo; ya que el hecho mismo de combatir, el hallazgo de nuevas ideas, esas enseñanzas existenciales que absorbemos al avanzar, estimula a dar pasos más decididos, con seguridad.

    Al darlos, convencidos de nuestra fuerza interna, de nuestra firmeza, apreciamos mucho mejor el paisaje de la vida, que es interminable y cambia nuestro semblante, se transforma nuestro espíritu, levantándose el ánimo con esa innata esencia guerrera; y lo que podría parecer a ojos vista, decaimiento, encontramos que aún en el envejecimiento, se adquiere fortaleza. Desde luego, sabiendo y reconociendo que la fortaleza es característica principal del ente joven, en nuestro caso rejuvenecedor. Íntimamente, sabemos que no obstante los años, somos fuertes y sin pregonarlo ni alardeando, sentimos ese orgullo latente interno, mucho más grande que el orgullo de la juventud.

    Grandioso como interesante tema mi querido Ernesto! El hombre, dependiendo de su ímpetu, no se enmohece, ni se derrumba, muy por el contrario, haya en el envejecer un meritorio RETO para seguir adelante. ¿Algo más maravilloso, cuando las fuerzas nos abandonan pero seguimos con ese espíritu combativo? ¡Nada más hermoso que ello!! Muchos científicos, estudiosos, lo llaman la fuerza de la mente y la mente a Dios gracias, no envejece!

    Te abrazo con admiración, me encantó el tema mi buen poeta!!

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