Las grayas… mitología griega.
Nacieron viejas con cabellos grises sin las pupilas por donde atisbar sin una tierra, sin tener países porque sus cunas fueron siempre el mar. Hijas deformes de remotos dioses soledades espantosas de otra era sin un contacto, sin saber de roces atadas a ignorar lo que hay afuera Eran las Grayas en los estertores difusos de una historia legendaria tres almas tristes que entre los horrores vivieron sin saber de una plegaria. Las tres y un ojo para verlo todo para rimar un solo pensamiento las tres forma ndo un ente como un modo que obligaba al ritual de un aislamiento. Poco se sabe de este espanto antiguo de tres seres grotescos con un ojo de un habitar en un estrato exiguo sin saber de una risa ni un sonrojo. De estar unidas por eternas rutas que mezclan lo fatal de sus caminos de ser tres almas en aquellas grutas atrapadas por siempre en sus destinos. Ernesto Cárdenas.
Y es muy cierto lo que dices, "envejeciendo vamos" y lo sabemos y lo asumimos; bueno, no queda otra cosa que aceptarlo y seguir adelante. Adelante, ¿a dónde se dirige ese adelante? Unos los llaman vivir porque no queda otra que seguir viviendo; mas cuando otros le encuentran el propósito para seguir avanzando, la vejez se da físicamente ya que ello es inevitable; pero, con el corazón y mente acaso rejuveneciendo; ya que el hecho mismo de combatir, el hallazgo de nuevas ideas, esas enseñanzas existenciales que absorbemos al avanzar, estimula a dar pasos más decididos, con seguridad.
ResponderBorrarAl darlos, convencidos de nuestra fuerza interna, de nuestra firmeza, apreciamos mucho mejor el paisaje de la vida, que es interminable y cambia nuestro semblante, se transforma nuestro espíritu, levantándose el ánimo con esa innata esencia guerrera; y lo que podría parecer a ojos vista, decaimiento, encontramos que aún en el envejecimiento, se adquiere fortaleza. Desde luego, sabiendo y reconociendo que la fortaleza es característica principal del ente joven, en nuestro caso rejuvenecedor. Íntimamente, sabemos que no obstante los años, somos fuertes y sin pregonarlo ni alardeando, sentimos ese orgullo latente interno, mucho más grande que el orgullo de la juventud.
Grandioso como interesante tema mi querido Ernesto! El hombre, dependiendo de su ímpetu, no se enmohece, ni se derrumba, muy por el contrario, halla en el envejecer un meritorio RETO para seguir adelante. ¿Algo más maravilloso, cuando las fuerzas nos abandonan pero seguimos con ese espíritu combativo? ¡Nada más hermoso que ello!! Muchos científicos, estudiosos, lo llaman la fuerza de la mente y la mente a Dios gracias, no envejece!
Te abrazo con admiración, me encantó el tema mi buen poeta!!