Los agotes…
Los agotes fueron una etnia marginada, acorralada por la sociedad de su tiempo, que tejieron sobre su origen y sus actos mil conjeturas, mil leyendas sin base para apoyar el disparate de sus especulaciones raciales. Fueron empujados a vivir casi a escondidas, como fieras en contra de su voluntad, solo por haber nacido en el seno de una casta diferente, como bastardos del mundo. Los agotes habitaban ambos lados de los Pirineos: los de España en la zona de Navarra y los de Francia en un lugar conocido como Rive de Gauche. La historia de ese pueblo se remonta a principios del año mil de nuestra era, que eran entonces tiempos turbulentos de cruzadas, de vikingos, de los ataques de los piratas turcos y de enfermedades como la lepra, que había aparecido a través de contactos con viajeros llegados de la India. Se cuenta que los agotes eran bien conocidos por no tener lóbulos en las orejas, y también por las piernas abiertas entre las rodillas, como los vaqueros del oeste americano; estos p...
Y es muy cierto lo que dices, "envejeciendo vamos" y lo sabemos y lo asumimos; bueno, no queda otra cosa que aceptarlo y seguir adelante. Adelante, ¿a dónde se dirige ese adelante? Unos los llaman vivir porque no queda otra que seguir viviendo; mas cuando otros le encuentran el propósito para seguir avanzando, la vejez se da físicamente ya que ello es inevitable; pero, con el corazón y mente acaso rejuveneciendo; ya que el hecho mismo de combatir, el hallazgo de nuevas ideas, esas enseñanzas existenciales que absorbemos al avanzar, estimula a dar pasos más decididos, con seguridad.
ResponderBorrarAl darlos, convencidos de nuestra fuerza interna, de nuestra firmeza, apreciamos mucho mejor el paisaje de la vida, que es interminable y cambia nuestro semblante, se transforma nuestro espíritu, levantándose el ánimo con esa innata esencia guerrera; y lo que podría parecer a ojos vista, decaimiento, encontramos que aún en el envejecimiento, se adquiere fortaleza. Desde luego, sabiendo y reconociendo que la fortaleza es característica principal del ente joven, en nuestro caso rejuvenecedor. Íntimamente, sabemos que no obstante los años, somos fuertes y sin pregonarlo ni alardeando, sentimos ese orgullo latente interno, mucho más grande que el orgullo de la juventud.
Grandioso como interesante tema mi querido Ernesto! El hombre, dependiendo de su ímpetu, no se enmohece, ni se derrumba, muy por el contrario, halla en el envejecer un meritorio RETO para seguir adelante. ¿Algo más maravilloso, cuando las fuerzas nos abandonan pero seguimos con ese espíritu combativo? ¡Nada más hermoso que ello!! Muchos científicos, estudiosos, lo llaman la fuerza de la mente y la mente a Dios gracias, no envejece!
Te abrazo con admiración, me encantó el tema mi buen poeta!!