La ternura... prosa...

La ternura es el murmullo de las olas y el lirismo de los actos, es lo ideal y es la elegancia, donde el perfume como un velo flota sobre lo eximio, sobre la paz que inclina nuestro ser a lo divino, al estremecimiento de las pieles y a ese poema de adentro que le canta al universo.

Y nada se compara a esa emoción, a esa vehemencia que tiene mucho de caricias y de sedas, a esa religión del espíritu que parece extremarse hasta la fascinación, hasta la revelación exacta del éxtasis y del milagro.

La pasión es el otro polo, un complemento secundario que evoca la brasa, que exterioriza los aspectos, una realidad que es común en el hombre y en la bestia, porque nace del deseo, de ese desboque del instinto que toca lo irracional y los excesos, pero la ternura… la ternura es la apacibilidad, es el cariño afable y el encanto, es el beso suave y es la magia, la ternura es cordialidad, dilección y es sutileza, y es por naturaleza propia el testimonio y la corroboración exacta de que se tiene predilección, voluntad de amar bonito y sobre todo corazón.

Aunque no se debe culpar a los que ignoran esa particularidad, esa distinción de los sueños y los mimos, esa suerte de sentir que nos levita, muchos no son culpables de nacer sin alas, sin esa bendición que los rebose y los lleve hasta el asombro, porque la ternura no es una puerta, una línea que se cruza, un simbolismo que se abraza, la ternura es el hechizo, la delicadeza y el suspenso, y con eso se entra al mundo, o se toma el otro atajo de la especulación y el pragmatismo, donde lo interior es escarcha, hastío y parte indiferente de una sombra.

La ternura es un privilegio, una razón que solo entienden aquellos que saben conmoverse hasta las lágrimas, aquellos que no pierden la ilusión ni la esperanza y comprenden el misterio de las almas y de los nidos.

Ernesto Cárdenas.

Comentarios

  1. Grandioso Ensayo mi querido amigo!
    La ternura depende del momento exacto que nuestros sentimientos se contraen en una sola mirada con amor; y la pasión, dependiendo de la forma de ser, nace cuando se siente grande amor.

    Desde luego, varía según sea el género; no porque sea un sentir propio de uno u otro, sino por el entorno que una persona se ha desarrollado o crecido.

    Y en este círculo está el hombre, a quien desde sus inicios se le inculca ser fuerte, ser "macho" "el hombre no llora" generándose esta fuerza exógena en fuerza reprimida. En la mujer no, desde el momento que le compran una muñeca, se le está inculcando ser tierna, dulce con el regalo que se le da; al hombre ¿qué le compran? Una pelota para patear, una carrito que hay que jalar o una ametralladora que imaginariamente es para atacar o defenderse. Y como el hombre es el resultado de su formación, tenemos como resultado que el amor y la pasión difiere entre el varón y la mujer.

    El hombre no ofrece sino que "toma" el cuerpo de una mujer, muchas veces sin amor, simplemente porque la mujer se insinuó o lo "compró" por lujuria, acaso instinto. La mujer no, en ella es muy diferente; ella no toma el cuerpo del hombre, "ofrece" el suyo como ofrenda de amor. ¿Cómo lo hace? Con pasión.

    Muy interesante este tema mi querido amigo!
    Un abrazo y felicitaciones por tus Ensayos, brindan sea conocimientos, sea temas de interés; siempre en un léxico superior.

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