Vencida



Vencida


Nos dijeron que el hilo reside en nuestra mano,

que el destino se labra con la limpia actitud

mas el tablero es ancho y el  engranaje humano,

que ningún ego duerme bajo la rectitud.


Tú cultivas el alma, la palabra y empeño,

pero la vida vuelca su veneno en la red;

que ese golpe no es aire, tiene el peso del dueño,

y lo asestas estando muriendo yo, de sed.


No hay disculpa que sane, esta alma ya dañada,

el orgullo es un fuego que no sabe ceder.

El amor propio sangra con la piel descarnada;

y mientras muerda ese ego, no habrá paz que morder.


Y me lo das teniendo tú, un hijo con ella 

porque el cuerpo es endeble y el amor es herida.

¡De qué sirve el santuario si esa llaga destella!

¡¿De qué sirve el escudo si ya estoy vencida?!


Beatriz Vicentelo




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