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Mostrando las entradas de noviembre, 2024

Ruego diminuto...

El diamante de la luna sobre el lago se desliza tembloroso en sus cristales como el bello sortilegio de algún mago que recuerda las leyendas medievales.   Y en el techo de la noche las estrellas desparraman sus luciérnagas celestes en sus luchas semejando las querellas de guerreros de la luz formando huestes.   La brisa alegre retoza con las ramas entonando su canción entre las hojas que parecen ir formando melodramas confundidas sin saber en paradojas.   Y en ese hermoso abanico de emociones naturales a mi Dios como alabanza aprovecho para hacer las peticiones como un ruego diminuto a mi esperanza.   Ernesto Cárdenas.

La Noche

  La Noche   Como a citas..., llega la noche vestida de guirnaldas brunas con cintas de seda nos entona un canto añorante de vida con silencio extraño que en aires se enreda   Se nos alzan lunas de antaño, se anida el sentido vivo en un fondo que rueda de la mente al pecho, del pecho a la crida sacudiendo cierzos de añil rosaleda   Y cual rosa que abre el capullo muy lento la memoria muestra lo interno escondido desbordando un riego con pulsos de amento   ¡Ah! Nocturno vuelve a niñez conmovido y encamina solo al recuerdo de historias donde me colmaron el alma de glorias   Beatriz Vicentelo

El perro de la impaciencia...

El perro de la impaciencia hoy ladra sobre el dilema de noche cuando se extrema la eclosión de mi apetencia las ganas, la efervescencia de esta obsesión por quererte por rabiar, por poseerte descifrando en mis apuros por encima de los muros los enigmas de la suerte.   Porque te encuentro en la magia de mi patio y de mi nube y en el delirio que sube la pared que me presagia un ritmo que me contagia y me enreda en las madejas de mi empeño en las perplejas tenciones de mil ardores donde salta entre furores mi lobo entre tus ovejas.   De mi almohada no te has ido hasta el confín de otra aurora porque el alma aún se azora al final de mi gemido donde en la noche he cosido un afán en la conjura y un sentir que se apresura a trotar mis desatinos de amarte en los torbellinos sin luces de mi locura.   Ernesto Cárdenas.

¡Ah Juventud Mía!

 ¡Ah Juventud Mía! Gustaba del amor de encrucijadas tan igual a cruceros placenteros amante de las horas desairadas libre como los mirlos pasajeros Y, a su paso rosas perfumadas llenaban de deleite los senderos fue engreída, halagada en sus radas endulzada con besos marineros ¡Ah célebres salones de alegrías! ¡De champaña, de orquesta y de peonías! Fiesta que se gozó y aún palpita en sueños del hodierno con lucencia mas, sempiterna va al  ponto de ausencia encimada en mi balsa cenobita Beatriz Vicentelo  Hodierno: Presente, moderno, actual Lucencia:   Claridad, resplandor Ponto:   Mar, océano, aguas Cenobita:   Ermitaña

Paloma...

Sigue volando paloma no hagas de tu vida un drama con soledad que se asoma porque nadie te reclama.   Elévate al cielo, sube llena de arrullos los montes que siempre tras de una nube se ven nuevos horizontes.   Ve y pósate en la montaña sin importarte los vientos y endulza como la caña amorosos pensamientos.   Que todo llega paloma como bálsamo en la herida cuando el cariño se toma con las fuerzas de la vida.   Pero si nada te llega porque todo te es adverso y el amor no se te entrega con la ternura de un verso.   No pierdas tú la confianza que no todo está perdido y aún te aguarda en su esperanza mi corazón como un nido.   Ernesto Cárdenas.    

Hicimos...

  Hicimos de dos un sueño tejiendo un itinerario por eso que temerario abrió puertas al empeño descodificó el diseño del tiempo y sus acechanzas inclinando las balanzas de un amor cuando se atreve a sembrar sobre la nieve flores nuevas de esperanzas. Porque tuvimos razones para mecer en la espera esa pasión verdadera de estrellas y conjunciones de brasas y de emociones tras un afán vitalicio por lo suyo que avaricio rabiando como un orate detrás de ese chocolate de su boca que codicio. Hicimos una emergencia del pensamiento sin redes derribando las paredes antiguas de la prudencia fuimos nervio en la evidencia sublime de los antojos que vencieron los abrojos de la noche inoportuna por algún rayo de luna que se hizo rima en sus ojos. Ernesto Cárdenas…

Rosa y Cruz del Amor... Dos Sonetos en un Poema

Rosa y Cruz del Amor ¡Qué aurora llevo dentro retenida! Qué concento de lira alucinada que gira por entornos abstraída fecunda, deslumbrante, perfumada Ya la hipsipila dio su bienvenida extendiendo su alfombra enamorada ya se torna silampa acontecida en algazara roja encandelada ¡Ah torrente que corres por mis venas! Con tus dagas, con cruces, con cadenas cortando lado a lado mi costado Lebreles ardorosos en mi pecho están haciendo trizas calmo lecho escarbando un amor, hondo enterrado II ¡Oh incendio contumaz que ya calcinas!  Boscajes combativos sin remedio ¡Ah torrencial que invades mis encinas! Mis valles, mis colinas y mi predio Júbilo en sufrimiento con espinas ¡Qué preciosa es la rosa en el asedio! Y el aroma en sus hojas purpurinas mas punzan al descuido, en su intermedio  Y es que vuelve el placer con sus retretas a germinar geranios en macetas revistiendo de luz  ¡Al ave, al pez! Retornando los cristos en mirada con mi aurora tenaz, crucificada rogando:  ¿E...

Quise...

  Quise querer simplemente natural como el roció y guardar celosamente tu cariño que era mío. Porque solo con tus rosas se perfumaba el sendero sabiendo las mariposas lo mucho que yo te quiero. Quise más, quise gritar al mundo mis esperanzas alegre de tanto amar pletórico de confianzas. Ignorante del hastío navegando en ilusiones desbordado como un río de orillas de corazones. Quise querer simplemente soñando tu amanecer más todo fue diferente y ya ves... no pudo ser. Ernesto Cárdenas.

Acaríciame

Acaríciame   Acaríciame amor con silencio aturdido ¡Rompe aquellos cristales del grave eco de ausencia! Con rasguño distante, quiebra la hora de olvido   Acaricia mi amor, esta espera por tu esencia  que de llagas cubierta, de esperanza sufrida abatida te clama con eolios de urgencia   ¡Indolente deflagra tu imagen encendida! Brillante en lejanía, quemante en cercanía candil trashumante, en lumbres de mi vida   Ven que en nublado puerto, con el alma sombría me pierdo por tus noches en su lobreguez única ¡Ven, ven!  Con esos besos que dio tu boca un día… ¡Con el delirio insano sobre mi ardiente túnica!   Beatriz Vicentelo 

Ajeno del bullicio...

Hoy ya soy por la costumbre un alma que en libertad arando en la realidad con el tiempo se hizo lumbre se hizo afán y certidumbre para un grato itinerario para un fin complementario donde en un sano ejercicio ando ajeno del bullicio cuidando de mi santuario.   Porque al fin me di de baja de ese embrollo con la gente de esa misma que evidente es la sombra y la mortaja que falsamente agasaja cuanto somos victoriosos más si tiempos pesarosos nuestra vida tergiversa y la suerte se hace adversa nos verán como a leprosos.   Eso ya lo comprobamos eso no cambia la historia esa que gira en la noria del camino donde andamos donde las pieles dejamos creyendo en las buenas obras sin entender las maniobras de los otros en lo aciago que nos dejaron por pago el veneno de las cobras.   Ernesto Cárdenas.

Fantasías...

    En divinales ánforas el vino selecto de Tokay luce en mi mesa con bellos candelabros de platino de clásica labor cartaginesa.   Un cuadro de Tiziano, otro del Greco resaltan el buen gusto en distinciones y notas de Chopín dejan el eco flotando como un ala en los salones.   Tras los cristales traídos de Cretona las ondas de la luz tejen su rastro sobre el mármol rosado de Verona que anuncia una escultura de alabastro.   Todo se mezcla para estar a tono en la magia sensual para esa gracia que en sueños sin medidas confecciono por mi dama con pulcra aristocracia.   Soñando con palacios medievales y ritos que nos dan la jerarquía de un conde con escudo y credenciales exactas de una fina señoría.   Allí te espero amor para que vivas conmigo esa visión de la quimera con risas que serán las afectivas pasiones confundidas con la hoguera.   Para sentir, cantar nuestra alegría dichosos del amor en desmesura y juntos disfrutar con la utopía hermosa para ...

A Ti....

 A Ti... A ti, que eres mi celeste sueño en total perfección que eres divina imagen con un persistente latir la estrella imantada en el universo de mi invención  fruto más apetecible del huerto de mi vivir A ti, que eres mi imaginado querubín protector la savia viviente que irriga con delirio mi piel que eres arroyo refrescante en mis días de fervor la espuma de nácares que levanta crestas de miel A ti, que eres caracola con sonido ensoñador tú, el pecado secreto en el más íntimo sentir la locura exquisita en el oasis de mi dormir A ti, te obsequio la más grande pureza de mi amor manantial de caricias en su transparencia al fluir ¡Lo más sacrosanto que una mujer pueda concebir! Beatriz Vicentelo

Para seguir...

  No sé si eres real o imaginaria si vienes o te vas de mi existencia la que invita entonar una plegaria o me empuja al brocal de la demencia.   Pues sin mirarte me parece verte sin nunca hablarte se como es tu acento tras de lo adverso que hoy se cambia en suerte detrás de algo que me trae tu aliento   No sé donde tú paso finaliza donde hace brillo en ti lo que se enciende lo que canta por dentro y profetiza un clamor que perfuma y que trasciende.   Porque algo indica que nos conocimos en el azar latente de otro día en otros siglos de donde volvimos para seguir amando todavía. Ernesto C.

Lo suyo...

  Lo suyo es tierno por naturaleza como lo son los pétalos, los nidos como una amenidad y una tibieza que sabe de esperanzas y latidos.   Por un milagro grato que semeja un polvo de oro que le da diseño a una promesa que en la noche deja sonrisas en las almas y en   el sueño.   Lo suyo reverdece mis laureles le da un tirón de oreja a la apatía lo suyo da color a mis claveles haciendo del recuerdo una manía.   Porque ella es parte y es equivalencia exacto de mi afán, mis entusiasmos y doy gracias a Dios por la demencia bonita de sentirla en mis espasmos.   Lo suyo es un paisaje de otra esfera que gira entre el delirio y la sorpresa es un salmo, un arrullo, es una hoguera es como un beso con sabor a fresa.   Ernesto Cárdenas.

Que te Vaya Bonito... Dos sonetos en un poema

  Que te Vaya  Bonito   Me iré por el camino del olvido con el morral de pena sobre espalda y esos "te quiero" en pétalos de gualda mustiarán en jardines sin sentido.   Pregonarás que mucho me has querido y por convencimiento que respalda secarás una lágrima que escalda sombra y culpa que nunca he merecido   Quiera Dios que en verdad en tu nocturno alcances olvidar el beso amante que se dio con mirífica nascencia   Yo desde mi horizonte taciturno diré por ese amor que fue bastante “Que te vaya bonito en la existencia” II Dime cuenta de tu alma diferente al almizclar tu amor con el alpiste yo se, que "cuando el ave   pica y viste alza su vuelo rápido inconsciente”   ¡Y sin odiar tu boca que me miente! Ni los "pocos", que tú acaso me diste aunque debiera ansiar tu ocaso triste con tratar de olvidarte es suficiente   Por eso no te pido seguir juntos y aunque quedan pendientes unos pun...

Escribe...

  Hablemos, escribamos un poema o cien mil si un buen numen acompaña nunca falta el concepto para un tema de un amor cotidiano o de una hazaña.   Digamos, no callemos la palabra esa que nos da margen para un hecho esa que en la emoción siempre se labra por razón natural y por derecho.   No sepultes tu idea en el camino rompe con el silencio que te oprime haz de tu pensamiento un pergamino con retos para un canto a lo sublime.   Escribe lo que sientas, lo que asoma lo que escapa de tu alma como un grito suelta de tus quimeras la paloma de tu voz como un salmo al infinito.   Pues más tarde tu vida en el suceso será polvo en la tierra permanente por eso escribe, escribe hasta el exceso para después dormir eternamente.   Ernesto Cárdenas.

Copa en Flamas

 Copa en Flamas Deja que llene copas con miel de tus delicias ¡Que levante la espuma de tu encanto de vida! Que se ahoguen recuerdos de pasadas caricias que se embriaguen nocturnos con ansia desmedida Deja que la noche hable del dulzor de tus besos y me abrigue en tu pecho cual reina consentida ¡Deja que el vino en copa me ahogue en sus excesos! Y mi piel la desnude, danzando embrutecida Deja que yo imagine ¡Que rasgo tus esencias! Que el reloj de las horas abra el puño vencido Y demuestre que soy… ¡Mujer de turbulencias! Que soy, duende de sombras en tu miedo aterido ¡Relámpago en tu noche bruna de penitencias! ¡Un rosedal con púas sangrándote el sentido! Beatriz Vicentelo

Con otro corazón...

Volveré amar, vendrán las ilusiones dejándome vencer por la corriente en medio del sopor y la pasiones que arrastran la razón hasta el torrente.   Seré uno más que olvidan y que olvida sin nada relevante en sus andanzas que vuelve a levantarse en su caída después de fallecer sus esperanzas.   Mezclando con la sombra la existencia girando sin salir del torbellino viviendo ese exterior de la apariencia que sabe de mi grito y de mi sino.   De nuevo voy a amar aunque incomode al alma otro cariño venidero con otro corazón sin que se enlode el limpio corazón con que te quiero.   Ernesto Cárdenas.

Josef Rudolf Mengele, El ángel de la muerte.

  Josef Rudolf Mengele fue un médico y antropólogo alemán, que se hizo famoso por experimentar sádicamente con prisioneros en el campo de concentración de Auschwitz durante la segunda guerra mundial, para investigar por medio de la genética y de la--llamémosle “tortura científica”-- la anatomía humana, su resistencia y sus variantes en la reproducción de razas, pero su obsesión fueron los nacimientos dobles, los mellizos, allí concentró sus energías y su oscuro y diabólico talento para la investigación de esos casos. Se sabe que al llegar los trenes con los vagones repletos de prisioneros siempre estaba presente, bien vestido y perfumado, para separar a los más aptos de los más débiles, y desde luego mandar a los hornos de cremación a los que pensaba no tenían derecho a vivir por un defecto físico, una figura deplorable o por una tara. Pero repito, su pasión fueron los trabajos con los gemelos, a los cuales con morbo y sin escrúpulos estudiaba hasta el exterminio. Allí les inyec...

El Entierro

  El  Entierro   Se cae el día y trafagando lenta la noche extiende oscurecido manto lena brisa sacude somnolienta un destino que trae su quebranto Cuatro payasos cargan a la occisa que dormirá en recuerdo placentero el susurro de espejos les avisa la llegada del cruel sepulturero Se suman bacanales al entierro los colorines al eterno encierro con amores llevados sobre hombros Y el hombre con alientos algo extraños ve con resignación,  cómo los años sotierran su juventud por escombros Beatriz Vicentelo

Esplendores…

Era feliz total en sus avales al colectar las ánforas de Samos y libros de incunables medievales sin importar los costos ni reclamos.   Feliz también por la pasión preclara de mantener sobre su alfombra persa una estatua de mármol de Carrara por su pasión artística y diversa.   Gustaba de las bellas porcelanas del rubí, del zafiro y del topacio con hermosas cariátides romanas sosteniendo con gracia su palacio.   Su palacio entre lagos y jardines de bosques perfumados de azahares y arroyitos alegres, cantarines como oda de rapsodas y juglares.   La envidia era de condes y marqueses contentos de vivir de sus favores inclinados, dispuestos y corteses para admirar de cerca sus primores.   Más de pronto perdió sus esplendores y se esfumó su mundo placentero pues despertó en el parque y con dolores entre harapos el viejo pordiosero.   Ernesto Cárdenas.

Ni te Imaginas

  Ni te Imaginas   Calambrinan mis pasos, cada vez que te veo  divaga el pensamiento, por vías impensadas  tu, ni acaso imaginas cuánto es lo que recreo  al entrar en tus iris de enigmas crisoladas    Ni tan solo imaginas que el sabor de tus besos  lo tengo a piel de labios, sin haberme besado  que entregaste caricias en abrazos traviesos  con la ventana abierta, sin haberme tocado    Y menos imaginas, cuando en mis embelesos  estrujo blancas sábanas en sueño alucinado  y en ansia desmedida, mi piel en sus excesos  en mi lecho poluto... ¡Te disfruta en pecado! 

Una anécdota…

  Andaba don Jacinto Benavente un día natural como cualquiera por una zona antigua que la gente caminaba uno a uno por la acera. Por la estrechez normal de épocas idas donde no se contó con el futuro ni tenían en cuenta las medidas que luego se trocaron en apuros. Y era entonces normal aquel detalle con dos personas en sentido opuesto uno cortes bajaba hasta la calle y el otro dando gracias se iba presto. Un buen día Jacinto Benavente que era anciano, delgado y muy correcto se encontró con un joven frente a frente que así le dijo con vulgar dialecto. No quiero que un marica impertinente camine por aquí cuando él lo quiera pero yo sí le dijo Benavente bajándose al momento de la acera.   Ernesto Cárdenas.

Ancestros de amor…

Muchas veces amor pienso en aquellas antiguas almas de los tiempos idos que en su fe y a la luz de las estrellas dejaron sin espacios los olvidos.   Quizás en los altares de algún templo sus místicas pasiones desbordaron y tengan los ancestros un ejemplo de amores que recuerdos nos legaron.   Tal vez surgió normal como una tierna hoy lejana ilusión de un troglodita y en esa oscuridad de la caverna saltó una afinidad que fue bendita.   Porque en el fondo somos complemento del tiempo y del amor que hoy nos aúna y natural el mismo sentimiento que un día fue de dos bajo otra luna.   Ernesto Cárdenas.